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PPA en España: Tres meses después del inicio del brote
03 de marzo de 26 - Noticias
La confirmación de dos casos de peste porcina africana (PPA) en jabalíes el pasado 28 de noviembre en Collserola encendió todas las alarmas del sector, que desde entonces se mantiene en máxima alerta ante la amenaza latente. Tras tres meses conviviendo con la enfermedad, el virus continúa circunscrito a la fauna silvestre, aunque ya fuera del radio inicial de seis kilómetros. Sin embargo, las repercusiones económicas y comerciales ya se notan en el sector. En este Informativo Porcino hablamos con distintos profesionales de la industria porcina, con quienes analizamos la evolución del brote y su impacto, y anticipamos los desafíos que aún están por venir.
La complejidad de la PPA
Desde el punto de vista patológico, la PPA es especialmente difícil de controlar. Tal y como explica Albert Finestra, asesor veterinario en granjas porcinas, “el virus es tremendamente resistente al medio ambiente, de los más resistentes que se conocen en veterinaria. Puede transmitirse a otros animales a través de múltiples vías, como carne fresca o congelada, carne procesada sin tratamiento adecuado, excrementos e incluso huesos en fase de putrefacción. Además, es una enfermedad septicémica que provoca coagulaciones y hemorragias internas, causando un fallo multiorgánico que termina ocasionando la muerte en pocos días”. Su inclusión en la lista de enfermedades de declaración obligatoria añade limitaciones comerciales que agudizan su impacto sobre el sector.
Aparición de los primeros casos y actuación
Desde la detección de los primeros casos de PPA en jabalíes, el sistema de vigilancia y diagnóstico ha sido una de las piezas clave para contener la enfermedad. En este engranaje, el IRTA-CReSA ha desempeñado un papel central como laboratorio de referencia dentro del Plan de Vigilancia Sanitaria de Fauna Salvaje, vigente desde 2018, puesto que ha sido el organismo encargado de recibir y testear las muestras para PPA. De hecho, los dos primeros casos del brote correspondieron a jabalíes analizados con carácter urgente en este organismo. Desde entonces, los profesionales del centro trabajan de forma continuada en la recepción de cadáveres o restos de jabalíes, su testaje y su eliminación.
Tal y como explica Quim Segalés, investigador del IRTA-CReSA y catedrático de la UAB, la rapidez en la identificación de los primeros casos fue clave para contener el brote en su fase inicial. En este sentido, según el investigador, “la detección precoz ha sido crucial y el elemento más importante para intentar evitar una diseminación mayor de la enfermedad”. Por lo tanto, valora positivamente la respuesta inicial, y la coordinación institucional, ya que, tres meses después de los primeros positivos, todos los casos siguen localizados dentro del radio de veinte kilómetros.
Sin embargo, Segalés insiste en la necesidad de ser prudentes. Aunque la evolución del brote por el momento no parece muy diferente a la observada en otros países europeos como Bélgica, Suecia o la República Checa, advierte de que todavía es pronto para extraer conclusiones. “Estamos ante un virus de un grupo genético que era desconocido hasta el momento, lo que hace aún más difícil hacer cualquier previsión”, explica.
Precisamente para evitar una mayor expansión del virus, uno de los aspectos más complejos ha sido la recogida y gestión de cadáveres de jabalíes, especialmente en una zona con características tan particulares como Collserola. Se trata de un entorno parcialmente periurbano y con una orografía complicada, lo que dificulta tanto la localización de animales muertos como las labores de control poblacional. Pese a ello, Segalés destaca el despliegue de medios: “La administración ha puesto todos los elementos posibles en juego, Agents Rurals, Mossos d’Esquadra, UME, Protección Civil, para llevar a cabo un trabajo muy arduo”.

La orografía dificulta la localización de animales muertos. Foto: DARP.
Tras tres meses, ¿en qué punto nos encontramos?
Con el brote de peste porcina africana ya declarado, más de 190 positivos confirmados y las primeras medidas de emergencia plenamente activadas, el escenario actual combina una relativa estabilidad desde el punto de vista sanitario con un impacto económico creciente sobre el sector porcino. Aunque el virus continúa limitado a la fauna salvaje, su presencia en España ha alterado de forma significativa el equilibrio del sector, especialmente en un país con un fuerte peso exportador.
Desde un punto de vista veterinario, Albert Finestra describe la llegada de la PPA a España como un auténtico “puñetazo”. Aunque la amenaza siempre existió, la confirmación de casos ha generado una mezcla de tristeza y preocupación, especialmente por las pérdidas económicas en el sector, a pesar de que los cerdos domésticos permanecen libres de la enfermedad. En este contexto, Finestra define la situación actual como un control “entre comillas”: aparentemente el virus está bajo control, pero podría tratarse de un falso control si se baja la guardia.
La gran incógnita sigue siendo la evolución del brote, es decir, si quedará contenido en el área afectada o si acabará expandiéndose, una incertidumbre que mantiene al sector en máxima tensión y condiciona su estado de ánimo. La posible diseminación del virus, su persistencia en el medio ambiente y las dudas sobre la efectividad de las labores de limpieza mantienen a los veterinarios en alerta. “No podemos cantar victoria”, insiste Finestra, quien subraya que la dimensión del problema dependerá de si el brote logra contenerse, aunque confía en que, pese a este revés para un sector ya consolidado a nivel mundial, se saldrá reforzado de esta situación.
En este contexto, Segalés pone el foco en las implicaciones que la PPA tiene para un país con un peso tan relevante en el comercio internacional de porcino. “El panorama del sector porcino de un país que tiene PPA, aunque sea solamente en jabalí, y con un gran nivel de exportación internacional es definitivamente negativo”, afirma. Se trata de una situación que conlleva importantes efectos económicos y sociales, dado el elevado nivel de empleabilidad del sector en España. Por ello, subraya que “la eliminación de la enfermedad del país es una acción absolutamente prioritaria”, aunque advierte de que la vuelta a la normalidad no será inmediata y requerirá “una acción coordinada, activa y extensiva, que nos llevará su tiempo”.
¿Cuál ha sido el impacto?
Uno de los efectos más inmediatos de la entrada de la PPA en España se ha dejado sentir en la evolución de los precios. Según explica Miguel Ángel Higuera, director de ANPROGAPOR, desde la aparición de los primeros casos el precio de referencia de MercoLleida ha sufrido una caída cercana al 30%, pasando de 1,30 € a 1 €. “Para ser realistas, el precio percibido por el ganadero actualmente se sitúa más cerca de los 0,95–0,97 €”, precisa. En términos económicos, esto se traduce en una caída absolutamente drástica que está generando pérdidas medias de entre 40 y 50 euros por animal. Pese a la dureza del ajuste, desde ANPROGAPOR consideran que esta situación no es sostenible en el tiempo porque haría que las economías de los productores se tambalearan, y confían en una reacción progresiva del mercado: “Nuestras previsiones son que más pronto que tarde, quizá en marzo, la lonja tiene que empezar a reaccionar, con una recomposición de precios hacia marzo-abril”.
Más allá de los precios, el impacto más profundo se está produciendo en el ámbito comercial: "Una enfermedad detectada exclusivamente en fauna silvestre ha afectado de lleno a nuestra capacidad exportadora, a pesar de tener una cabaña totalmente libre de PPA”, apunta Higuera, y añade: "El principal problema radica en que algunos países terceros no aceptan las reglas internacionales de regionalización establecidas por la OMSA y consideran a España en su conjunto como país infectado".
Actualmente, mercados clave como Japón y Filipinas, que, entre ambos, absorbían cerca de 200.000 toneladas, permanecen cerrados. A ellos se suman otros destinos como México, Colombia, Perú o Ecuador. “Que estos países no acepten la regionalización tiene un efecto emocional, además del puramente económico," apunta Higuera. Esta situación provoca un efecto dominó en la cadena, con producto que no encuentra salida, una presión a la baja sobre los precios y un impacto que acaba recayendo sobre el productor. Pese a ello, desde el sector no se dan por perdidos estos mercados. “Se están haciendo contactos prácticamente semanales para avanzar en la regionalización”, explica Higuera, especialmente en el caso de Japón, donde las negociaciones estaban avanzadas antes del brote. Además, subraya un elemento positivo: “Nuestros compradores en Japón y Filipinas están deseosos de volver a comprar en España”, tanto por razones económicas como de suministro.
Tras este tiempo, ¿qué hemos aprendido?
Los primeros meses de convivencia con la PPA han dejado varias lecciones clave para el sector y las autoridades sanitarias. Como señala Quim Segalés, la experiencia demuestra que su expansión depende en gran medida de la acción humana. La detección del virus en jabalíes o cerdos domésticos en lugares muy distantes, incluso a miles de kilómetros de la infección más cercana, evidencia que las fronteras no son un obstáculo: “Si hemos visto brotes a 500 o 1.000 km de la evidencia de infección más cercana, o hasta a más de 10.000 km como fue el caso de la República Dominicana, está claro que las fronteras no sirven y que material de origen porcino contaminado con el virus tiene la capacidad de llegar a cualquier parte del mundo”.
Por su parte, Higuera destaca la importancia de la coordinación y el mando único en la gestión de crisis sanitarias. La respuesta inicial ha mostrado que profesionales especializados en fauna silvestre y contingencias sanitarias pueden actuar de manera eficiente si existe un liderazgo claro desde la autoridad sanitaria. Sin embargo, la gestión de las granjas en las zonas regionalizadas ha mostrado carencias. En este sentido, apunta: “El sector aún no estaba suficientemente preparado para implementar medidas sanitarias coordinadas a nivel regional, y esta experiencia deja claro que es algo que se debe mejorar para futuras contingencias”.
En cuanto a la bioseguridad, Finestra subraya que sigue siendo una asignatura que no se debe dejar de lado: “El descenso del precio del cerdo registrado en los últimos meses, únicamente por la presencia del virus, pone de manifiesto la vulnerabilidad del sector ante enfermedades silvestres, y la necesidad de reforzar medidas preventivas”.

La vigilancia activa y la coordinación son fundamentales. Foto: DARP.
Y a partir de ahora, ¿qué debemos hacer?
A la vista de lo ocurrido, los expertos coinciden en que la vigilancia activa y la coordinación son fundamentales de cara a los próximos meses. Quim Segalés advierte que se esperan nuevos casos en las próximas semanas, por lo que mantener el dispositivo de búsqueda y captura de jabalíes y la vigilancia pasiva en zonas de alto y bajo riesgo es clave. “El objetivo es no bajar la guardia y reforzar las acciones que ya se están llevando a cabo”, afirma, y añade: “Lo mejor que se puede hacer ahora es trabajar incansablemente para intentar contener la enfermedad y eliminarla lo antes posible; es la única manera de llegar, idealmente lo antes posible, a volver a ser un país libre de PPA”.
Higuera insiste en la importancia de actuar en múltiples frentes para estabilizar el sector, manteniendo protocolos actualizados, coordinando equipos de emergencia y asegurando que comunicación y gestión funcionen de manera perfecta. Además, señala que la prioridad es actuar sobre los costes de producción, mejorar la eficiencia y apoyar a los ganaderos más afectados por la regionalización. Por ello, reclama líneas de ayuda urgentes para garantizar la viabilidad de las granjas y evitar que el impacto derive en un problema estructural. “Dentro de una situación de crisis, el sector debe responder ante el propio sector”, destaca.
Para Finestra, la clave sigue siendo la diligencia en la actuación y la información. “Hay que insistir en bioseguridad y vigilancia pasiva. Cualquier síntoma sospechoso en granja debe ser diagnosticado de inmediato”, explica, al tiempo que reclama más transparencia en la difusión de información desde las instituciones, para que el sector pueda actuar de manera crítica y constructiva: “Nos gustaría disponer de más información sobre los trabajos que se han realizado en la zona cero para poder ser críticos constructivos. En el sector, trabajamos con enfermedades infectocontagiosas; por lo tanto, sabemos de biocontención, bioseguridad, etc. Me gustaría que nos escuchasen y nos dejaran participar”.
Los expertos coinciden en que, pese a la gravedad del brote de PPA en jabalíes, la situación está contenida y se están aplicando medidas eficaces para impedir la entrada del virus en granjas. Subrayan la importancia de mantener la coordinación entre autoridades, sector e industria, y de reforzar la regionalización para proteger los mercados internacionales. Además, destacan que la PPA no representa un riesgo para las personas, aunque la población puede actuar como vector y debe extremar las precauciones en zonas afectadas. Con todo esto, el mensaje final es de prudente optimismo. Con disciplina, bioseguridad y esfuerzo conjunto, España puede contener el brote y avanzar hacia la erradicación.





