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¿Cómo escoger entre alimentación seca o en húmedo en porcino?
12 de febrero de 26 - Noticias
En la producción porcina, la alimentación representa alrededor del 70 % del coste de producción de un animal engordado listo para faenar. Dentro de este porcentaje, la fase de engorde concentra cerca del 45%, seguida de la de transición (10%), gestación (10%) y maternidad (5%). Con estas cifras, resulta evidente que cualquier mejora en la eficiencia alimenticia tiene un impacto directo y significativo en la rentabilidad de la granja.
En este contexto, una de las decisiones técnicas relevantes es la elección entre alimentación en seco o alimentación en húmedo en las fases de transición y finalización de los animales de abasto. Ambas estrategias tienen ventajas, desventajas y requisitos específicos que deben evaluarse en función del nivel de manejo de la granja, la capacidad de control ambiental, la fase productiva, la genética, el peso de los animales a la entrada y a la salida, el tipo de presentación del alimento, etc.
Minimizar desperdicio y maximizar consumo
En sistemas de alimentación ad libitum, independientemente de si se opta por un sistema en seco o en húmedo, la eficiencia alimentaria se sustenta siempre en dos pilares fundamentales: reducir al máximo el desperdicio y maximizar el consumo diario. En cuanto atañe al diseño del comedero, la facilidad y precisión de la regulación, la cantidad de alimento disponible en el plato, el acceso del animal al pienso del plato, el número de bocas disponibles y la correcta relación animal/espacio de alimentación son factores decisivos en ambos sistemas.
Un comedero mal diseñado, con rincones inaccesibles o regulaciones imprecisas o de difícil acceso, genera acumulaciones de pienso que los animales no consumen y que acaban convirtiéndose en desperdicio y pérdidas económicas, además de no posibilitar la limpieza y desinfección adecuadas de los equipos y suponer un riesgo para la bioseguridad.
Las dimensiones del espacio de acceso al comedero han de estar adaptadas al tamaño del animal en cada fase. El fondo del plato debe ser suficiente para que el animal pueda acceder al alimento cómodamente sin introducir las patas dentro, y el ancho del espacio de alimentación, en el caso de comederos en los que más de tres animales comen en paralelo, ha de ser un 10% mayor que el ancho de hombros del animal. En el caso de comederos donde coman hasta tres animales, no necesitan tanto espacio para hacerlo cómodamente, ya que los animales situados en los extremos pueden colocarse ligeramente en diagonal y la referencia pasa a ser el tamaño de la cabeza en lugar del ancho de hombros. Esto también minimiza el desperdicio, ya que los animales comen con mayor comodidad, especialmente en las últimas fases de crecimiento, cuando su tamaño es mayor.
Del mismo modo, una excesiva competencia por el alimento por falta de puntos de alimentación aumenta el desperdicio, reduce la ingesta diaria y penaliza el crecimiento, especialmente si el sistema de control climático no permite mantener a los animales en su zona de confort, ya que concentran el consumo en las horas más frescas del día y de la noche, reduciendo el tiempo en que realmente se usan los comederos.
Alimentación en seco
La alimentación en seco se caracteriza por la dispensación del pienso sin mezclarlo directamente con agua en el plato. Si la granulometría de los componentes del pienso no es homogénea, los animales pueden llegar a seleccionar y separar los componentes, maximizando el desperdicio de alimento y no pudiendo garantizar una ingesta homogénea de la ración formulada, pero esto se puede evitar dispensando pienso peletizado.
Por otro lado, la velocidad de ingesta es menor que con pienso húmedo, por lo que se pueden tener menos animales por boca de alimentación. Esto puede llegar a reducir el consumo medio diario respecto a sistemas en húmedo, pero se puede minimizar utilizando alimento granulado y colocando los bebederos cerca de los comederos.
En los comederos en seco, el control del desperdicio depende en gran medida de una correcta cobertura de plato, que debe situarse generalmente entre el 25 y el 33%. Coberturas superiores permiten que los animales extraigan más pienso del que pueden ingerir, incrementando las pérdidas, pero, una vez ajustados, requieren poca intervención. Además, el pienso seco puede estar mayor tiempo en el plato sin ser consumido sin estropearse.
La alimentación en seco maximiza el uso de los bebederos, especialmente si las temperaturas dentro de la nave son altas, por lo que puede llegar a aumentar significativamente el consumo aparente de agua y el volumen de producción de purines respecto a la alimentación húmeda, especialmente si los bebederos no son eficientes en el uso del agua. Por ello, se recomienda usar bebederos de nivel constante, que desperdician la mitad que los de cazoleta y chupete, y cuatro veces menos que los chupetes sin cazoleta.

Alimentación en seco. Foto: Rotecna.
Alimentación en húmedo
La alimentación en húmedo se basa en la mezcla de pienso y agua en el plato del propio comedero, generando una papilla. Esto requiere que entre la tolva y el plato haya un mecanismo dispensador que los animales deben accionar, por lo que su funcionamiento ha de ser fiable, sencillo e intuitivo, especialmente para los animales más pequeños, que deben aprender a usarlo tras el destete.
La alimentación húmeda evita que se separen los componentes del alimento, aunque se dispense en formato de harina, y los animales consumen con mayor rapidez que si el pienso es seco. En este tipo de comederos es crucial una correcta regulación y un caudal de agua que garanticen que no haya un exceso de alimento ni de agua en el plato. Esto es clave para obtener un buen índice de conversión.
El plato debe tener pienso sin llegar a estar excesivamente limpio y lamido, lo que indicaría falta de caudal de pienso y reduciría la ganancia media diaria. Al mismo tiempo, es fundamental evitar acumulaciones de alimento, porque, además de generar desperdicio, el pienso húmedo se deteriora con rapidez, pierde sus cualidades organolépticas y disminuye su atractivo para los animales, especialmente en condiciones de altas temperaturas.
Con comederos en húmedo es muy importante no tener menos animales de los recomendados por punto de comida, ya que el pienso pasa demasiado tiempo en el plato y llega a ser imposible ajustar una proporción correcta entre caudal de pienso y agua, quedando demasiada agua en el plato también.
Un exceso de agua repercute en el desperdicio de alimento y en el consumo de energía, especialmente en los animales con menor capacidad volumétrica de ingesta, llegando a ser un problema importante para los animales en iniciación tras el destete. Los caudales de agua deben mantenerse generalmente entre 0,5 y 0,7 L/min para los lechones en transición, mientras que en engorde se trabaja entre 0,7 y 1,0 L/min.
En comederos en húmedo, prescindir de bebederos adicionales puede reducir el consumo total de agua y favorecer el arranque de los lechones destetados, ya que disponen de agua y alimento en un mismo punto. No obstante, al obligar a los animales a beber en el mismo lugar donde comen, es imprescindible ajustar la densidad por punto de alimentación si se quiere evitar un impacto negativo en la ganancia media diaria. Esto es especialmente importante en periodos de altas temperaturas, cuando el consumo de agua aumenta de forma significativa. En este sentido, en sistemas donde la temperatura de la nave puede ser elevada, se recomienda disponer de bebederos adicionales. Estos pueden desconectarse en periodos fríos para optimizar el manejo. Asimismo, contar con bebederos extra permite cerrar el aporte de agua en los comederos durante las últimas fases de crecimiento, lo que ayuda a moderar el consumo medio diario de pienso y a limitar la acumulación de grasa en animales pesados, especialmente en genéticas con mayor tendencia al engrasamiento.

Alimentación en húmedo. Foto: Rotecna.
Diferencias según fase productiva, peso y genética
En animales recién destetados, la prioridad absoluta es un arranque rápido, ya que hasta el 40% de los lechones no consumen alimento en las 48 horas posteriores al destete. En esta fase, una alimentación en seco bien diseñada (con pienso granulado, suficientes bocas de alimentación, uso de platos de soporte para el arranque, buena accesibilidad y suministro constante de pienso fresco) suele ofrecer una mayor seguridad de manejo.
Para que la alimentación en húmedo ofrezca mejores resultados que la alimentación en seco, los comederos deben contar con un mecanismo fiable y de aprendizaje extremadamente rápido, además de requerir un manejo y un ajuste muy finos y frecuentes, con el fin de evitar problemas derivados del exceso de agua o del tiempo excesivo de permanencia del pienso en el plato. Asimismo, dado que la capacidad de ingesta en animales pequeños es limitada, el posible incremento en el consumo medio diario entre ambos sistemas no suele generar diferencias significativas en esta fase. Por ello, cuanto menor sea el peso de los animales a la entrada y a la salida, y especialmente cuando se utiliza pienso en pellet en lugar de harina, mejores resultados suelen obtenerse con sistemas de alimentación en seco frente a los sistemas en húmedo.
En engorde y finalización, la alimentación en húmedo muestra mayor potencial, ya que los animales aprenden a utilizar los mecanismos con más facilidad y tienen mayor capacidad de ingesta y crecimiento diario. No obstante, este beneficio solo se materializa si la regulación es correcta y el sistema está bien adaptado al clima y al manejo de la granja. Además, se ha de tener en cuenta el peso de salida y la genética, ya que, como hemos comentado, si los animales sobrepasan la edad de máxima ganancia media diaria, pueden pasar a engrasar en exceso, por lo que conviene limitarles el consumo, y una forma sencilla de hacerlo es dispensar el alimento en seco. Así, cuanto menor sea el peso de los animales a la entrada y a la salida o menor sea su tendencia a engrasar al peso de salida, mejor funcionarán los sistemas en húmedo frente a los de seco.
En sistemas Wean to Finish, donde los animales permanecen en el mismo comedero desde los 5–6 kg hasta el peso de sacrificio, la polivalencia es clave, especialmente si se sacrifican con pesos elevados. Comederos capaces de trabajar en régimen seco o húmedo, con ajustes progresivos, con mecanismo de aprendizaje muy intuitivo y con altura variable según el tamaño de los animales, permiten adaptar la estrategia alimentaria a cada fase sin cambiar el comedero.
Influencia del clima, el manejo y la estrategia productiva
Las condiciones ambientales y el nivel técnico de la granja son determinantes en la elección del sistema. En climas muy cálidos y en ausencia de medios para controlar adecuadamente el ambiente dentro de las naves y/o en granjas con menor capacidad de control y seguimiento por parte de los operarios, los sistemas en seco suelen dar mejores resultados. Por el contrario, en instalaciones con buen control ambiental, con comederos bien diseñados con mecanismos de uso intuitivo por parte de los animales y personal capacitado, la alimentación en húmedo puede aportar ventajas claras en términos de consumo y crecimiento.
¿Cómo escoger el sistema más adecuado?
Como hemos visto, la elección entre alimentación en seco y en húmedo depende de múltiples factores que deben evaluarse de forma conjunta. Ambos sistemas pueden ser altamente eficientes si se aplican correctamente y se adaptan a la fase productiva, al clima, al tipo de pienso y al nivel de manejo de la granja. Más que optar por una alternativa u otra de forma dogmática, el enfoque técnico debe centrarse en el diseño del comedero, la precisión de la regulación y del caudal de agua, la reducción de la competencia entre animales y la adecuación del sistema a las condiciones específicas de cada granja. Siempre que sea posible, conviene priorizar soluciones versátiles que permitan ajustar la estrategia alimentaria según la evolución de los animales y las circunstancias productivas.
En definitiva, la alimentación eficiente en porcino no depende tan solo de si el pienso se ofrece seco o húmedo, sino de cómo se gestiona cada detalle del sistema para que los animales coman más, desperdicien menos y alcancen su potencial productivo en el menor tiempo posible, incluyendo los aspectos sanitarios, nutricionales, ambientales y genéticos.





