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Qué ha demostrado el sector porcino español con la crisis del coronavirus

Qué ha demostrado el sector porcino español con la crisis del coronavirus

16 de junio de 20 - Noticias

Óscar Toledano. Coordinador de Marketing en Rotecna

En momentos de crisis es cuando sacamos lo mejor de nosotros mismos, y también cuando estamos obligados a salir de nuestra zona de confort y entrar en la de aprendizaje y crecimiento. De algunas cosas que han pasado durante estas semanas de crisis sanitaria podemos extraer lecciones de gran valor y que esperamos que modifiquen la percepción de mucha gente respecto a nuestro sector.

El sector ha demostrado ser muy solidario. Se han realizado importantes donaciones económicas, se han entregado gratuitamente grandes cantidades de material de protección y desinfección, y también de productos cárnicos, tanto a administraciones públicas como a centros sanitarios, bancos de alimentos, organizaciones no gubernamentales y otros estamentos, con el fin de ayudar a los que más lo necesitan en estos momentos tan difíciles.

Granjas, transportistas, industria y comercio han estado a la altura para garantizar que la cadena de suministro de carne no se parara. Se ha demostrado, una vez más, el compromiso y la determinación para seguir adelante incluso en circunstancias tan delicadas, inciertas y complejas.

Las granjas han adoptado con rapidez y eficacia las medidas necesarias para proteger la salud de las personas. Al fin y al cabo, son expertos en bioseguridad; como saben que es imprescindible para garantizar un buen estatus sanitario de los animales, están habituados a un estricto control de accesos, a una higiene y desinfección intensivas, al uso de equipos de protección, a trabajar por turnos y zonas,… Bueno, a decir verdad, el distanciamiento social y los controles de temperatura sistemáticos sí que han sido una novedad.

Los veterinarios son expertos en microbiología, epidemiología e inmunología, y están especializados en gestionar la salud de grandes grupos de población, no solo de los individuos. Siendo el Sars-CoV-2 una enfermedad de origen animal, muchos organismos han manifestado su sorpresa ante el hecho de que las autoridades sanitarias no contaran con ningún veterinario en la creación del comité técnico-científico que gestiona la crisis a nivel nacional, un hecho que demuestra un gran desconocimiento acerca del potencial, capacidad y experiencia de estos grandes profesionales en el control de epidemias, especialmente porque se trata de una zoonosis.

Con el confinamiento, y el consiguiente parón de la actividad industrial y el tráfico urbano, los niveles de contaminación ambiental y de emisiones de gases de efecto invernadero han bajado considerablemente, lo que tendría que ayudar a demostrar a la sociedad, de una vez por todas, que la ganadería no es la principal responsable de la contaminación ni del cambio climático, tal y como engañosamente quieren hacer creer algunos lobbies. Somos un sector sostenible, pero esto no nos exime de nuestro compromiso con la reducción de emisiones, especialmente las de amoniaco, en el caso del sector porcino.

La imposibilidad de viajar y la prohibición de grandes concentraciones de personas han provocado la cancelación o el aplazamiento de muchos eventos y ferias sectoriales. Han proliferado las videoconferencias, los webinars y la difusión de contenidos a través de medios digitales. En un futuro, seguiremos usando estas herramientas de comunicación, ya que son muy efectivas, eficientes y económicas. Pero en cuanto sea posible, volveremos a encontrarnos cara a cara. Sabemos lo importante que es el contacto humano; somos un sector moderno, pero centrado en las personas.

Pocos días antes de empezar la crisis, agricultores y ganaderos de todo el país se manifestaban reclamando precios más justos para sus productos. Esta crisis ha evidenciado la importancia de contar con un abastecimiento fiable de suministros de primera necesidad. La sociedad debería hacer todo lo posible para proteger y fomentar el sector primario. Durante estos días se ha tomado conciencia de la fortaleza de nuestra cadena de distribución de alimentos, y esperemos que el gran público también se dé cuenta de la necesidad de disponer de un sistema productivo robusto, que permita a los productores ganarse la vida con su trabajo.

Por otra parte, podría ser muy arriesgado que un pequeño oligopolio de empresas controlara la producción de proteína a nivel mundial. Con la de origen animal esto es imposible, porque su producción está ligada al territorio y muy diseminada, pero sí podría pasar con la producción de carne sintética o la ultraprocesada de origen vegetal, ya que su producción está en manos de unas pocas empresas.

A su vez, confiamos en que se dejen de demonizar los sistemas intensivos de producción, que, con su eficacia, eficiencia y fiabilidad, han garantizado el suministro de alimentos, incluso en momentos de gran demanda, con episodios de acaparamiento como los que hemos experimentado, ya que son imprescindibles y, además, perfectamente compatibles con los extensivos y los ecológicos. De hecho, es necesario que dichos modelos coexistan y se complementen para cubrir diferentes nichos de mercado.

Tenemos la esperanza de que todo esto ayude a que los consumidores valoren adecuadamente a las personas que producen sus alimentos, y que dejen de hacerse eco de los que nos describen como maltratadores de animales y grandes contaminadores del medio ambiente. Deseamos que el mundo urbano conozca mejor al mundo rural y que tome conciencia de lo competentes que son los profesionales que componen el sector primario. Y puestos a desear, nos gustaría que algunos de ellos decidieran venir a vivir entre nosotros, y que pasaran así a tener una vida más tranquila, en un lugar donde el tiempo se mide a una escala más humana y el ritmo de vida aún lo marcan las estaciones del año.

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