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Cinco maneras de mejorar la supervivencia de los lechones
05 de marzo de 26 - Noticias
Óscar Toledano. Director comercial Rotecna
Reducir la mortalidad de los lechones en maternidad es uno de los grandes retos de cualquier granja de reproductoras, y uno de los parámetros más críticos que influyen en la rentabilidad económica del sector, ya que el coste del lechón recién destetado representa del 20 al 30% del coste total de producción de un cerdo listo para venderse en vivo.
Cada lechón perdido no representa solo una pérdida económica, sino también una señal de que algo puede mejorarse. La mortalidad pre-destete suele oscilar entre el 5 y el 20%, y más del 80% de las muertes se producen durante los tres primeros días de vida.
Vamos a repasar cinco de las principales oportunidades de mejora de las que dispone cualquier productor para aumentar su rentabilidad a nivel de granja.
Control ambiental
El lechón nace con escasas reservas energéticas y casi sin capacidad de termorregulación. Si pierde calor muy rápido y entra en hipotermia se debilita, no mama y acaba muerto por inanición o aplastado bajo la cerda por falta de vigor. Del 35 al 60% de las bajas de lechones son causadas por aplastamiento, y la mayoría de esos lechones estaban previamente fríos o inactivos; el resto quedan atrapados bajo la madre cuando se tumba o rota una vez acostada, porque se han quedado junto a ella.
Los lechones deben disponer de una zona de descanso a una temperatura de alrededor de 35ºC los primeros días y, a medida que crecen, debe disminuir progresivamente hasta los 28ºC. Dicha zona debe ser ciega (para evitar corrientes de aire) y suficientemente grande para que una camada de 14 a 15 animales de hasta 28 días quepa en ella (de 0,72 a 0,90 m² totales). Si el suelo está aislado adecuadamente, solo es necesario calefactar entre 0,48 y 0,60 m² la superficie que ocupa la camada durante los primeros días cuando los animales aún son pequeños, ya que a partir de los 5 a 7 días de vida los propios lechones generan calor suficiente para mantenerse confortables sin necesidad de aporte externo. Debe haber una distribución homogénea de la temperatura (para que todos los animales estén dentro de su zona de confort), estar situada como mínimo a 40 cm de la zona donde se tumba la madre y contar con una fuente de calor que no incomode a la cerda. Para ello, el uso de placas calefactadas y aislantes ofrece múltiples ventajas frente a las lámparas infrarrojas, tanto de idoneidad como de consumo energético, aunque las fuentes de calor radiante pueden resultar de ayuda durante las primeras 24 horas, cuando los animales deben secarse y localizar el nido lo antes posible.
La temperatura de la sala debería mantenerse entre los 22 y los 24ºC para maximizar el confort de la cerda y su consumo de pienso y agua, y para minimizar el tiempo que los lechones pasan fuera del nido. La diferencia térmica entre nido y sala maximiza el tiempo que los lechones permanecen en él y reduce las posibilidades de que busquen el calor de la madre y sean aplastados accidentalmente. Esto es especialmente importante en sistemas de confinamiento parcial, donde la cerda tiene la jaula abierta una vez los lechones tienen pocos días de vida. Además, las cerdas con estrés calórico se levantan y se mueven más, por lo que aumenta el número de aplastamientos.
Se deben evitar corrientes de aire sobre los lechones. Para ello pueden utilizarse cubiertas fijas o móviles, que concentran el calor reduciendo el consumo energético y ayudan a mantener la temperatura del nido, incluso trabajando con temperaturas ambientales bajas.
Diseño de la paridera
El diseño y mantenimiento de la paridera influyen directamente en el bienestar de la cerda y la supervivencia de los lechones. Una cerda con poco espacio, incómoda o que se mueve bruscamente puede aumentar el número de aplastamientos. Para evitar aplastamientos y maximizar la supervivencia es recomendable el uso de jaulas que confinen a la cerda para evitar que pueda tumbarse y girarse de forma brusca, al menos desde el momento del parto hasta que los lechones usan plenamente la zona de nido (de 3 a 7 días).
Una maternidad de confinamiento permanente no debería tener una superficie inferior a 4,3 m², y una de confinamiento parcial debería disponer de entre 5,5 y 6,5 m², ya que la cerda, una vez suelta, no debe acceder a la zona donde descansan los lechones, pero sí contar con el espacio suficiente para moverse con libertad, con una zona libre de 4,2 a 5,1 m² y de 1,8 a 2,2 m de diámetro de giro. Cabe destacar que, con el diseño, equipos y manejos adecuados, este tipo de paridera puede ofrecer los mismos o incluso mejores resultados que una de confinamiento total.
El suelo debe tener suficiente drenaje para mantenerse seco, ser suave y aislante para los lechones, y antideslizante y firme para la cerda.

El diseño y mantenimiento de la paridera influyen directamente en el bienestar de la cerda. Foto: Rotecna.
Encalostramiento
El calostro, la leche que la cerda produce durante las primeras 24 horas tras el parto, aporta energía e inmunidad a los lechones. Su calidad disminuye con el tiempo, por lo que las primeras 6 horas de vida son decisivas. Los lechones que ingieren menos de 200 gramos de calostro tienen un riesgo hasta seis veces superior de morir antes del destete.
Los partos deben supervisarse de forma activa, secar y calentar a los lechones lo antes posible tras el nacimiento, comprobar que todos maman durante sus primeras dos horas de vida y evitar movimientos de lechones como mínimo durante las primeras 12 horas postparto para asegurarse de que toman el calostro de su propia madre, salvo que haya circunstancias que no permitan que algún lechón mame durante sus primeras 4 a 6 horas de vida.
Si se practican técnicas de encalostramiento parcial, retirando temporalmente parte de los lechones para que el resto mame sin competencia, debe garantizarse que se realizan dentro de las primeras 12 horas postparto, que no se perjudica a unos animales más de lo que se ayuda a otros (especialmente si son de baja o nula viabilidad) y que la mano de obra invertida no tenga mayor retorno utilizando ese tiempo en otros manejos alrededor del parto, como secar, calentar o acercar los lechones a las mamas o realizar adopciones.
Las granjas que aplican protocolos de asistencia y encalostramiento además de reducir la mortalidad neonatal producen lechones más pesados, homogéneos y con un mejor arranque y mayor resistencia frente a retos sanitarios en fases posteriores.
Alimentación de la cerda lactante
Una cerda que come y bebe lo suficiente produce más leche, desteta camadas más numerosas, con mayor peso medio y más homogéneas, mantiene mejor su condición corporal durante la lactancia y muestra una mayor fertilidad y prolificidad al parto siguiente, con mayor peso de los lechones al nacimiento.
A nivel de granja, las estrategias para maximizar el consumo de pienso en cerdas lactantes se basan en un conjunto de puntos clave: agua abundante, pienso fresco y fraccionado, temperatura adecuada y atención individual.
Una cerda que no bebe lo suficiente puede reducir su consumo de pienso hasta en un 30 %. Para asegurar que lleguen a los 30–40 l/día, se debe garantizar que puedan acceder al agua fácilmente, con caudal suficiente, constante y de calidad. El agua fría (15–20ºC) estimula el consumo y puede ofrecerse en un bebedero independiente o en el mismo comedero, ya que la alimentación húmeda bien gestionada (mezcla de agua y pienso) aumenta el consumo total. Para ello, la proporción de pienso/agua debe ser adecuada (de 1,0:1,0 a 1,0:2,0) y evitar acumulaciones que permitan que la mezcla se degrade. Es importante utilizar sistemas que permitan controlar el caudal de agua y pienso, preferiblemente automatizados, a fin de garantizar una gestión eficiente, sin desperdicio y con menor mano de obra.
El pienso debe ofrecerse de forma frecuente y atractiva, fraccionado en 3 o 4 comidas diarias (una mayor frecuencia mantiene el intestino activo y estimula el apetito, por lo que mejora el rendimiento digestivo y la energía obtenida del pienso) o mediante sistemas ad libitum controlados. Si el sistema no evita que queden restos húmedos en el comedero, deben retirarse. En épocas calurosas, es esencial permitir el acceso al alimento en las horas más frescas. Con alimentación completamente ad libitum, en verano hasta el 60 % del consumo puede ser nocturno.
Una cerda que llega al parto con el intestino activo come mejor posteriormente y tiene más energía para afrontar el parto, que será más rápido, por lo que se reducirá el índice de nacidos muertos y aumentará el tiempo disponible para el encalostramiento.
Por cada grado por encima de 22–23 ºC, el consumo de pienso puede caer entre 100 y 150 g/día, por lo que es fundamental contar con un sistema climático que permita renovar el aire sin corrientes directas sobre los animales, usar refrigeración ambiental y sistemas de refrigeración localizada, como los suelos radiantes bajo la cerda refrigerados con agua fría, que también reducen que los lechones se tumben junto a ella, disminuyendo el riesgo de aplastamiento. Debe controlarse el consumo individual e identificar cerdas que comen menos o desperdician pienso para detectar las causas —sanitarias, ambientales o conductuales— y actuar sobre ellas.
Si el consumo de agua es adecuado, cada kilogramo extra de pienso correctamente formulado aumenta entre 1,1 y
1,4 kg la producción de leche, y cada litro extra de leche supone entre 250 y 300 gramos adicionales de crecimiento por lechón (la densidad media de la leche de cerda es de 1,03 kg/l). Con un consumo maximizado puede incrementarse el peso medio por lechón destetado entre 0,5 y 1,0 kg. Además, las cerdas con alta ingesta en lactación destetan hasta un lechón más por parto.
Bioseguridad
Las diarreas neonatales y otras enfermedades, como el PRRS, siguen siendo una causa significativa de mortalidad de lechones. A fin de reducir la carga patógena en el ambiente y la probabilidad de sufrir brotes, deben aplicarse de forma estricta buenas prácticas de bioseguridad internas y externas: control de accesos y perímetro con vallado en buen estado; una única entrada con zanja de desinfección y ducha con cambio de ropa obligatorio; acceso restringido a vehículos y personas no autorizadas; control de vectores como aves, roedores e insectos, con un plan de control de plagas y cierres herméticos en silos, almacenes y ventanas; mantenimiento de los alrededores limpios de vegetación y basura.
Debe respetarse un estricto “todo dentro, todo fuera”, lavar con detergente los equipos e instalaciones, enjuagar retirando la materia orgánica y aplicar desinfectante, dejando secar un mínimo de 24 horas antes de introducir nuevas cerdas. Hay que lavar a las cerdas antes de entrar en maternidad, minimizar movimientos de lechones entre camadas tras las primeras 24 horas del parto y evitar transitar entre parideras sin desinfección del calzado. Debe mantenerse una secuencia lógica de movimiento de personal y animales de las zonas de mayor a las de menor estatus sanitario, cambiando o desinfectando las botas entre zonas y usando material exclusivo para cada área. La gestión de cadáveres y purines también debe evitar que personal o vehículos de retirada entren en contacto con zonas limpias.
Estas cinco estrategias, aplicadas con constancia, pueden transformar los resultados de una granja, reduciendo la mortalidad en maternidad entre un 20 y un 80% (en granjas con problemas graves), lo que puede representar una reducción de los costes de producción de los lechones destetados del 1 al 20%, y del cerdo engordado vivo de hasta el 5%.





