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Estudio técnico
Estrategias para reducir la mortalidad neonatal de lechones

Estrategias para reducir la mortalidad neonatal de lechones

21 de abril de 22 - Estudios

Josep Rius. Técnico de Rotecna.

Con cierta frecuencia visito granjas de cerdas y en algunas de ellas observo un hecho que me llama la atención: en las maternidades las cerdas paren desatendidas. Siempre me pregunto por qué y me quedo sin comprenderlo. Si definimos la mortalidad neonatal como la que se produce durante los siete días después del nacimiento nos daremos cuenta de que es uno de los parámetros con mayor peso en la rentabilidad total de las granjas, pues supone entre un 10 y un 20% de sus costes totales (Manteca y de la Torre, 2004). Los mismos autores afirman que en Europa nacen muertos o mueren antes del destete 50 millones de lechones al año.

Con estos datos es evidente que hay margen de mejora. No es acertado dar por buenos porcentajes de mortalidad de nacidos vivos a destete de alrededor del 15% o más. Se debe mejorar este parámetro porque existen granjas que están entre el 5 y el 10%. ¿Cómo lo consiguen? Principalmente focalizando sus esfuerzos en la atención de los partos y las 48 horas posteriores, en las que, de nuevo, los datos de muchas granjas nos dicen que se concentra el porcentaje más alto de bajas.

En los últimos años la evolución genética ha provocado un aumento considerable de la prolificidad de las cerdas. Sin embargo, esta mejora en prolificidad va acompañada, en muchos casos, de lechones más inmaduros fisiológicamente hablando, lo que se traduce en lechones con menos peso al nacer, menor vigor, menos capacidad termorreguladora y un mayor riesgo de sufrir hipoxia y sus consecuencias durante el parto. A todo ello hay que sumarle que las cerdas no han evolucionado con la misma intensidad en sus actitudes o aptitudes maternales ni en su capacidad de destetar camadas más numerosas, lo que ha obligado a los ganaderos a aplicar todo tipo de estrategias, principalmente alimentarias o de manejo, para salvar el número máximo de lechones.

"Cuidar animales para intentar salvarlos requiere de unos conocimientos, aptitudes y actitudes específicas."

Estamos de acuerdo en que las instalaciones, equipos o medios son herramientas que ayudan -cada granja o granjero tiene las suyas/os- pero lo importante es que las personas que atienden estos puestos de trabajo tengan los conocimientos necesarios para saber, ante cualquier situación, cómo deben realizar bien su trabajo, sean conscientes de su importancia y, sobre todo, les guste hacerlo.

Personalmente, he tenido la suerte de transmitir cómo hacer este trabajo y enseguida te das cuenta de quién tiene el talento y la sensibilidad necesaria para desarrollarlo. Es como pensar que todo el mundo sirve para ser enfermera/o, ¿a que todo el mundo tiene claro que no es así? Pues en este caso pasa lo mismo. Cuidar animales para intentar salvarlos requiere de unos conocimientos, aptitudes y actitudes específicas que no todas las personas son capaces de lograr de forma satisfactoria. Parece muy básico, pero siempre es bueno recordarlo.

Existe mucha bibliografía científica sobre todos los factores relacionados con la mortalidad neonatal. En este artículo, solo se va a incidir en aportar sugerencias para disminuir el porcentaje de aplastados, hipotérmicos y muertes por inanición, tres aspectos interrelacionados que suelen ser, en la mayoría de las granjas, sus principales causas.

El complejo hipotermia – inanición - aplastamiento

Un alto porcentaje de bajas por aplastamiento que se producen durante los 2 o 3 días posparto suelen estar relacionadas mayoritariamente con la hipotermia y la inanición. Este patrón puede modificarse si se actúa a tiempo. En función del medio que se encuentren al nacer, su peso y su vigor, los lechones van a necesitar más o menos ayuda. Como ya sabemos, el lechón cuando nace tiene el instinto de ir a mamar, pero dispone de muy pocas reservas energéticas para hacerlo (grasa, glucosa y glucógeno). Si a este hecho le sumamos que en el útero está a una temperatura de entre 38 y 40 grados y en el exterior se encuentra con un ambiente muy por debajo de los 32/35 grados (temperatura ambiente critica del lechón) y, además, añadimos que nace sin pelo, con una capa muy fina de grasa, un sistema de termorregulación inmaduro, mojado y es pequeño, ya tenemos el conjunto de elementos para comprender que si no llega pronto a la fuente de energía que le proporcionara la ingesta de calostro consumirá la poca energía de que dispone en intentar recuperar la temperatura de su cuerpo y la concentración de glucosa en sangre descenderá hasta niveles que le provocaran la muerte. Este proceso será más o menos rápido en función de la temperatura del ambiente, el peso, el vigor, las reservas con que cuente el lechón y su colocación (si llega) en la ubre de la cerda para su primera succión de calostro (Gráfico 1).

Gráfico 1: Complejo hipotermia - inanición - aplastamiento.

En procesos agudos o rápidos no llegan a la ubre. En los más lentos, los lechones débiles deben competir con los más fuertes, que ya habrán ocupado las mejores tetas- y encontrar una de libre (si es que la hay) para conseguir ingerir calostro, que solo se produce por un tiempo limitado (24/48 horas) y cuyas cualidades se deterioran muy rápidamente: se calcula que 12 horas después del parto ya solo se absorben el 30% de los anticuerpos. A ello hay que sumarle que el intestino del lechón va reduciendo la capacidad de absorción de inmunoglobulinas muy rápidamente.

Manejo: evitar la pérdida de temperatura

Como hemos visto, la llegada al mundo de un lechón es una carrera de obstáculos a contrarreloj que la mayoría consiguen sortear con éxito. Otros no. Si focalizamos nuestra ayuda sobre estos, ¿cómo podemos ayudarlos? En una situación ideal, el lechón al nacer debería perder la mínima temperatura corporal posible y encalostrarse cuanto antes. Por lo tanto, en función de la temperatura de la sala de partos (hay que tener en cuenta la estación del año) será más o menos urgente la intervención del cuidador para que no la pierdan. Un buen manejo en estos puntos incluye recuperar a los hipotérmicos lo más rápidamente posible en un espacio confortable con temperatura alta (36/38 grados), secarlos y, una vez recuperados, ubicarlos en la ubre de su madre.

Manejo: encalostrar a turnos

Una vez recuperados y ubicados en la ubre, los lechones pequeños deben tener preferencia para mamar. Para ello, una buena práctica es encalostrarlos por turnos. Para hacerlo bien deben seguirse las siguientes pautas:

  • Nunca debe haber más lechones en la ubre que mamas disponibles.
  • Dividir la camada en dos grupos: grandes y pequeños.
  • Marcar y encerrar a los grandes durante 90 minutos para dar prioridad a los pequeños. Luego intercambiarlos (los grandes tienen suficiente con 45 minutos), y así sucesivamente hasta que todos estén bien encalostrados.
  • No dejar sólo a los pequeños (si son pocos) en la ubre (baja capacidad de estimulación de las mamas). Preferiblemente, ubicar a los pequeños en los pezones delanteros.

Según un estudio realizado por Andersen (2007) las granjas que realizaron un encalostrado a turnos de los lechones más pequeños tuvieron menor mortalidad que las que no lo hicieron. También comprobaron que el 72% de los lechones que murieron antes del destete, aunque la mayoría murieron aplastados, no habían ingerido calostro. Thorup (2013) demostró que el encalostrado a turnos aumenta la supervivencia del lechón en 0,4. (Tabla 1).

Tabla 1: El consumo de calostro está directamente relacionado con la tasa de mortalidad.

Una vez están bien encalostrados, es aconsejable disponer de una madre adoptiva que recoja a los lechones pequeños, porque ayuda a disminuir la competencia con sus hermanos mayores. Según el estudio de Cecchinato et al. (2008), en los lechones adoptados aumenta la probabilidad de supervivencia en un 40% en comparación de los lechones de las camadas en las que no se realiza cambios.

Nidos NI-2 de Rotecna

Además de las ventajas que ofrece el nido para los lechones y la cerda, son de una gran ayuda para los cuidadores, ya que reúnen las cualidades necesarias para proporcionar un espacio de confort térmico a los lechones hipotérmicos y para establecer turnos de encalostramiento gracias a las vallas de cierre móviles, además de ser un refugio ideal para proteger a los lechones del riesgo de aplastamiento cuando la cerda se acuesta. Vasdal et al. (2010) estudiaron qué hacía más atractivo un nido para los lechones durante las 72 horas posteriores al parto. El estudio se realizó mediante la comparación de tres tipos de nido, con diferentes materiales de cama, con o sin techo para conservar el calor, y con uso o no de lámparas. Concluyeron que el mayor aumento de su uso se debió al techo y al material de cama (papel, estera…).  

"El control, la observación y el cuidado del parto son imprescindibles para atender todo lo que pueda suceder."

Conclusiones

Con las actuales genéticas, la alta prolificidad es un hecho constatado, al igual que el problema añadido del aumento de lechones pequeños e inmaduros y sus consecuencias: incremento de las probabilidades de bajas. Los cuidadores de las maternidades deben actuar para intentar minimizar dichas bajas. Para ello, deben adquirir la consciencia y la perseverancia necesarias para creer que con sus aportaciones obtendrán resultados positivos (aunque algunos de ellos no sean tangibles de una forma inmediata) y no desfallecer en el empeño de seguir adelante con su cometido: salvar el número máximo de lechones. De ellos y de los medios de que dispongan depende su éxito. El control, la observación y el cuidado del parto son imprescindibles para atender todo lo que pueda suceder y actuar rápido. Durante este proceso, el tiempo es oro. La prioridad está ahí. Las primeras 12 horas son vitales. No se salvarán todos, los hay completamente inviables y los partos no siempre se producen en horario laboral, pero no hay excusa si ocurren durante las horas de trabajo. Lechones bien encalostrados es sinónimo de animales más sanos y con óptimas capacidades de crecimiento.

Las granjas con bajos porcentajes de bajas priorizan el control de la temperatura corporal y el encalostrado. Si se incide en ello, su esfuerzo se ve compensado con resultados positivos. Y, a su vez, mejoramos en bienestar animal ya que evitamos que mueran lechones que pueden sobrevivir.

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