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Estudio técnico
D. BABOT: “En las granjas podemos hacer muchas cosas, y asequibles, para reducir nuestras emisiones.”

D. BABOT: “En las granjas podemos hacer muchas cosas, y asequibles, para reducir nuestras emisiones.”

01 de julio de 21 - Estudios

El cambio climático es una evidencia que afecta al conjunto de la sociedad y a todos los sectores económicos. Cada uno de nosotros puede aportar su grano de arena para reducir el impacto medioambiental. Sin embargo, es cierto que existen determinados sectores cuya actividad genera un mayor impacto y deben dedicar un mayor esfuerzo para minimizarlo. En este sentido, el sector porcino lleva años trabajando para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero con buenos resultados, lo que le lleva a ser un sector cada vez más eficiente y sostenible. En esta línea, en noviembre de 2020, se publicó la ‘Guía para la minimización de las emisiones de gases en las granjas porcinas’, fruto de la colaboración entre Interporc, la Universidad de Lleida (UdL), la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), el CEP de Lleida (Centro de Estudios Porcinos) y el proyecto PECT (Proyecto de Especialización y Competitividad Territorial) del porcino de Lleida. Daniel Babot, catedrático de la UdL e investigador del CEP, es uno de los autores de la guía.

En 2020 se presentó la ‘Guía para la minimización de las emisiones de gases en las granjas porcinas’. ¿Cómo surge la iniciativa de crear esta guía?
La investigación en todo lo referente a las granjas de cerdos ha ido evolucionando a lo largo del tiempo; durante unos años se trabajó mucho todo el tema de productividad para producir más y mejor, y ahora llevamos unos años trabajando cuestiones de sostenibilidad, donde uno de los factores a tener en cuenta son las emisiones con efectos ambientales. En este sentido, el porcino tiene un peso relevante por las emisiones de amoníaco. Así pues, la guía surge como un medio para aportar conocimientos y apoyar al sector en uno de los retos que creemos que tendrán que afrontarse en las próximas décadas, ya que vamos hacia unos modelos de producción de mínimo impacto (hídrico, carbono, nitrógeno…). Ante este escenario, decidimos realizar una guía con el apoyo de Interporc y la aportación económica del proyecto PECT (Proyecto de Especialización y Competitividad Territorial) porcino de Lleida, que estamos desarrollando desde hace 4 años en el Centro de Estudios Porcinos (CEP). 

¿Cuál es la situación actual de emisiones de gases en las granjas porcinas? 
Ahora mismo es difícil dar una cifra concreta, porque uno de los hándicaps con el que nos encontramos es que no tenemos bien cuantificado el volumen de emisiones reales de las granjas. En este momento las emisiones se contabilizan por un sistema de inventarios, que son unas formulas de cálculo teóricas que tienen en cuenta el número de cabezas de ganado y la eficiencia teórica de estas. Pero no tenemos las emisiones reales, por lo que, precisamente, hemos tenido que empezar por aquí, por ver cómo podemos cuantificar realmente cuánto emitimos, con el problema de que hay muchas variantes en función de diversos factores: manejo del purín, ventilación, tipo de animales, instalaciones, ubicación de la granja, etcétera. Por otro lado, para realizar las mediciones se necesitan sensores que sean eficientes y a un coste asequible. 

"Uno de los hándicaps con el que nos encontramos es que no
tenemos bien cuantificado el volumen de emisiones reales de las granjas".

Con estos hándicaps, ¿cómo habéis realizado el estudio para la redacción de la guía?
En los primeros estudios hemos trabajado con un modelo con ventilación forzada para simular condiciones de campo, y desde hace un año estamos trabajando en un proyecto para hacer mediciones en granjas con ventilación natural, puesto que las condiciones son totalmente distintas y los resultados también lo serán.

¿Qué prácticas de las que contempla la guía influyen en la cantidad de emisiones que genera una granja?
En primer lugar, podríamos hablar de una buena regulación de la ventilación y la optimización de las ventilaciones mínimas de invierno y las máximas de verano, porque el factor caudal de ventilación es un factor asociado al nivel de emisiones; es decir, más ventilación equivale a más emisiones. Por otra parte, hablaríamos del manejo de los purines, como, por ejemplo, retirarlos más a menudo de la fosa sin generar turbulencias (sistemas de evacuación por gravedad) o tener menor superficie de fosa en las granjas. También se pueden tener en cuenta las condiciones de alojamiento de los animales, como mantener los cerdos más limpios y secos para evitar zonas de humedad, uso de rejillas menos porosas (plástico), que retienen menos la humedad, y ampliación de las zonas ciegas para reducir la superficie de emisión, y aspectos como la alimentación: utilizando pienso con baja proteína tendremos poco excedente proteico en la dieta, menos nitrógeno en los purines y, por lo tanto, menos emisión. Todas ellas son estrategias que ayudan a reducir las emisiones de gases.

Daniel babot
Daniel Babot, catedrático de la Universitat de Lleida e investigador del CEP. Foto: Daniel Babot.

Todas estas son prácticas para aplicar dentro de la granja, pero también se contemplan medidas a aplicar en la gestión del purín. ¿Podría mencionar alguna de ellas?
En este sentido, hay técnicas que se han estudiado menos, pero que pueden resultar efectivas, como el uso de algunos aditivos para purines que retienen el nitrógeno, aunque los costes a menudo son un problema. Por otra parte, tendríamos la aplicación de los purines en los campos de cultivo como abono, en el marco de un modelo de economía circular, siempre que dispongamos de suelo, y los diferentes sistemas de tratamiento de los purines.

¿El sector está haciendo las cosas bien?
Creo que, en general, el sector porcino hace las cosas muy bien, por lo que uno de los objetivos que perseguimos con esta guía es transmitir y demostrar que somos muy eficientes y llegamos a conversiones de pienso muy buenas porque tenemos una buena sanidad, manejamos bien los cerdos, optimizamos la alimentación, estamos reduciendo el uso de agua (entre un 15 y un 30 % menos, lo que implica menor volumen de purines y la emisión de menos nitrógeno), etcétera. Esto hay que comunicarlo, y dejar claro que la carne de cerdo que se consume se produce de la forma más eficiente posible. Por otra parte, tenemos como reto demostrar la gran aportación que puede representar la tecnología para nuestro sector: en equipamiento, en climatización… Si la aplicamos bien, produciremos de forma más eficiente y sostenible, lo que nos da un potencial muy grande como sector. 

¿Qué objetivos esperáis cumplir con la publicación de la guía?
Principalmente tenemos dos objetivos. En primer lugar, seguir concienciando al sector porcino de que las emisiones de gases son un tema que no se debe dejar de lado. Por otra parte, aunque los gases no se vean, hay que demostrar que se pueden cuantificar, que el ganadero puede instalar en su granja sensores, a un coste razonable, para tener una estimación de los gases que genera y, por lo tanto, trabajar para reducirlos. Nuestros estudios se han centrado en esta línea, para demostrar que podemos lograr reducciones de entre un 15-30 % de las emisiones de amoníaco en los próximos años solo cuantificando y marcándonos mejoras en las condiciones de producción. En las granjas podemos hacer muchas cosas, y muy asequibles, para reducir nuestras emisiones.

¿Actualmente existe un marco legal que regule estas emisiones?
Hay aspectos como la gestión de los purines donde la ley ha llegado, pero el tema de las emisiones aún está en discusión mundial, aunque es evidente que hay que reducirlas y luchar contra el cambio climático. Sin embargo, aún no hay unas directrices concretas, aunque sí que creo que en unos diez años llegarán. El primer paso, no obstante, va a ser poder cuantificar cuáles son las emisiones reales.

guia emisiones purin
Imagen de la ‘Guía para la minimización de las emisiones de gases en las granjas porcinas'. Foto: Daniel Babot.

¿Sabéis si hay ganaderos que estén poniendo en práctica esta guía?
Nuestra intención no era solo publicar la guía, sino que teníamos la intención de realizar talleres con los ganaderos, que ahora estamos empezando a hacer ‘online’ por el tema de la COVID-19. Por otra parte, me consta que hay algunas empresas que han empezado a instalar sensores de gases con la voluntad de empezar a recoger datos. No obstante, debemos seguir trabajando y hacer más difusión, y en esa línea de trabajo estamos.

¿El trabajo para minimizar las emisiones supone una gran inversión?
Para cuantificar las emisiones en una granja de cerdos que disponga de un sistema de ventilación con el que puedas controlar más o menos la dirección del aire (que es básico) tan solo hay que instalar dos o tres sensores de amoníaco para saber dónde estamos y aplicar mejoras correctoras, por lo que los costes no son elevados. Otra cosa es plantearse aplicar una estrategia más ambiciosa, como cambiar la estructura de las fosas de la granja, que implicaría una gran inversión. En este sentido, lo que hay que hacer es valorar cada caso y ver qué se puede hacer en granjas ya existentes y qué se puede hacer en granjas de nueva construcción, donde creo que el sector sí debe plantearse ciertas mejoras de base. 

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