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¿Qué pasó tras la última crisis de PPA en España?
30 de junio de 26 - Noticias
Siete meses después de la detección de los primeros casos de peste porcina africana (PPA) en Barcelona, el sector porcino sigue en alerta y pendiente de la evolución del brote. Aunque la enfermedad se restringe, por ahora, a la fauna silvestre, especialmente al jabalí, su presencia ha reactivado una amenaza ya conocida en España, aunque en un contexto muy distinto al del pasado, cuando el virus afectaba sobre todo al cerdo doméstico.
Mirar atrás resulta, por tanto, imprescindible. La anterior crisis de PPA, que se prolongó durante más de 30 años hasta su erradicación en 1994 y la declaración oficial como país libre en 1995, marcó el inicio de una profunda transformación productiva. Echamos la vista atrás y, a través del testimonio de Christian Gortázar, catedrático de Sanidad Animal, y Manolo Toledo, veterinario con décadas de experiencia, analizamos las principales diferencias entre aquella etapa y la situación actual, así como los aprendizajes que dejó aquel proceso para el sector.
¿Cómo era el sector porcino español entonces?
El contexto productivo en el que irrumpió la PPA nada tenía que ver con el actual. Como explica Christian Gortázar, “el sector porcino estaba anticuado, contaba con muy poca bioseguridad y con una producción sustentada en granjas pequeñas con un sistema nada profesionalizado”. En este contexto, el porcino no tenía el peso económico que ha alcanzado hoy y, tal y como recuerda Manolo Toledo, “en muchos casos, las granjas eran un complemento a la agricultura u otro trabajo, lo que limitaba la implantación de medidas sanitarias rigurosas”.
Precisamente, esta falta de profesionalización fue uno de los principales factores que favorecieron la circulación del virus. La falta de controles en los movimientos de animales y la escasa separación entre granjas generaron un entorno permeable desde el punto de vista sanitario. “Había muchas granjas que compartían material sanitario, y hasta los verracos”, recuerda Toledo, y añade: “Esto pone de manifiesto la ausencia de barreras sanitarias que tenía entonces el sector, lo que facilitó la expansión de la enfermedad”.
¿Cuál fue el impacto de la PPA?
Aunque en los años 70 y 80 del siglo pasado España no era la potencia exportadora que es actualmente, el impacto del virus fue relevante tanto desde el punto de vista sanitario como económico, pues la amplia propagación del virus y la falta de herramientas complicaban su control.
En términos económicos, las consecuencias fueron importantes, especialmente por las limitaciones comerciales que suponía la enfermedad. “No poder exportar productos de porcino, ni siquiera los de mayor valor añadido como pueden ser los ibéricos, limitó la producción al autoconsumo del país”, explica Gortázar. Sin embargo, la repercusión no es comparable a la que tendría actualmente una situación similar, ya que, matiza, “en aquel entonces el sector porcino era muy local, todo lo que se producía se consumía aquí y, por tanto, no tenía la envergadura que tiene ahora”.
Aun así, la enfermedad generó pérdidas directas relevantes en las granjas, especialmente por la necesidad de sacrificar animales, aunque como apunta Toledo, “si la PPA llegaba a una granja, la cifra de cerdos que se debían sacrificar no era ni de lejos la que sería ahora”. Este hecho pone de manifiesto hasta qué punto la evolución del sector ha incrementado también el potencial impacto del virus, tanto por el mayor tamaño de las granjas como por el peso económico y comercial que hoy tiene la producción porcina.
¿Cómo superó el sector porcino la crisis de PPA?
A pesar de las limitaciones de la época, la erradicación fue posible gracias a una estrategia basada en medidas contundentes y eficaces. Entre ellas, Gortázar destaca tres puntos clave: “el control de movimientos, la eliminación de los animales en las granjas positivas, algo que fue fundamental y, evidentemente, la modernización de las instalaciones y la destrucción de aquellas más anticuadas y menos favorables a mantener la bioseguridad”.
Por su parte, Toledo pone el foco en la importancia de la detección precoz y la intervención rápida. Este último aspecto fue clave para impulsar la colaboración del sector, aunque no estuvo exento de dificultades. De hecho, reconoce que “mucha gente pasaba por alto casos de PPA, en muchos casos por falta de formación o de saber reconocer la enfermedad, y por eso se tardó más en poder acabar con el virus”, y añade: El plan de contingencia también era fácil, sacrificabas a los animales y los eliminabas”. Estas prácticas ponen de relieve las carencias de información y concienciación que había en aquel momento, así como las diferencias existentes respecto a los protocolos y estándares sanitarios actuales. Sin embargo, todas estas medidas, centradas en cortar la transmisión dentro de las granjas domésticas, finalmente resultaron efectivas, aunque en un escenario muy distinto al actual.

La última crisis de PPA reforzó la cultura de bioseguridad. Foto: Rotecna.
¿Qué cambios surgieron tras la erradicación?
La erradicación de la PPA supuso el inicio de una profunda transformación del sector porcino. Muchas de las estructuras y protocolos que hoy se consideran básicos surgieron precisamente como respuesta directa a esa etapa, marcando un antes y un después en la profesionalización del sector. En este aspecto, Gortázar recuerda “la declaración de libres y la apertura de la exportación de los productos de porcino supuso una inyección de moral para el sector, que impulsó definitivamente su crecimiento y profesionalización”.
A partir de ese momento, el sector inició un proceso de modernización de instalaciones y de especialización productiva. Tal y como explica Gortázar, “se apostó por una porcinocultura más moderna, con división de funciones entre granjas, cada vez con fases más diferenciadas y con unas medidas de bioseguridad tanto interna como externa mucho más avanzadas”. Esta evolución permitió mejorar el control sanitario y aumentar la competitividad de la producción porcina española.
Tal y como apunta Toledo: “A partir de entonces, el control veterinario comenzó a ganar peso dentro del funcionamiento de las granjas y se avanzó hacia sistemas de producción más organizados y compartimentados”, matiza. Esto reforzó la profesionalización y el control sanitario del sector.
El papel del jabalí
Uno de los aspectos que más diferencia el escenario de la anterior crisis respecto del actual es el protagonismo adquirido por la fauna silvestre en la epidemiologia de la enfermedad. Sobre este aspecto, Gortázar subraya que “antes de los 90, el papel del jabalí era menor, la población era una décima parte o incluso menos de la que tenemos ahora”. Este hecho permitió que las medidas aplicadas sobre el porcino doméstico fueran suficientes para terminar con la circulación del virus.
Sin embargo, hoy la situación es completamente distinta. Según el catedrático, “el sector está más preparado que entonces, pero el riesgo se ha multiplicado por la sobrepoblación de jabalíes”. En este sentido, “el jabalí ha pasado de ser un actor secundario a convertirse en un elemento central en el mantenimiento y propagación de la enfermedad, obligando a replantear las estrategias de control sanitario”.
En esta línea, Toledo insiste en la necesidad de actuar sobre el control poblacional de esta especie. “Hay una densidad tan grande que la propagación de enfermedades es muy difícil de controlar, porque en pocos quilómetros cuadrados hay una barbaridad de jabalíes, algo que antes no se daba. Es un problema grande y hay que frenarlo”, afirma, y matiza que esta debe ser una responsabilidad compartida entre todas las comunidades autónomas: “Todas las comunidades autónomas deberían tener planes de contingencia y, alguna vez, en alguna granja, llevar a cabo un simulacro para que todos sepamos lo que hay que hacer”.
Por otra parte, a este nuevo escenario se suma el impacto de la globalización, que ha multiplicado los movimientos de animales, personas y mercancías. Como recuerda Gortázar, “cada movimiento es un riesgo, especialmente en un país con un elevado nivel de intercambio comercial y tránsito internacional”.

Tras la crisis de PPA, se impulsó una producción más moderna. Foto: Rotecna.
¿Qué hemos aprendido?
La experiencia de la anterior crisis de PPA en España dejó enseñanzas fundamentales para el sector porcino como, por ejemplo, la importancia de la rapidez de actuación. En este sentido, la detección precoz sigue siendo uno de los principios básicos de cualquier estrategia sanitaria frente al virus y, como explica Toledo, “la rápida identificación hace que se pueda establecer un anillo de control y que podamos estrangular la enfermedad”.
Para entender aún mejor esta idea, Gortázar apunta: “Cuando al principio de un incendio forestal se utilizan todos los medios que hay disponibles sobre una superficie relativamente pequeña, la probabilidad de controlar ese incendio es bastante alta. Si, por el contrario, no se utilizan todos los medios, ese incendio va aumentando de tamaño y los medios de los que disponemos los vamos a tener que dividir en una superficie mucho mayor”. Este enfoque evidencia la necesidad de movilizar todos los recursos de forma inmediata y coordinada ante cualquier sospecha y detección.
Además, la anterior crisis también demostró la importancia de la transparencia, la comunicación y la formación. Como recuerda Toledo, “esta situación favorecía comportamientos de riesgo y dificultaba la aplicación homogénea de las medidas sanitarias”. Por ello, considera que uno de los grandes aprendizajes es que “hay que ser todo lo transparente que se pueda, sin ser alarmista. Y no solo hay que serlo, también hay que parecerlo”.
Tres décadas después, la experiencia demuestra que la PPA transformó profundamente la producción porcina española y obligó al sector a desarrollar una capacidad de adaptación y resiliencia que hoy en día sigue siendo una de sus principales fortalezas frente a cualquier amenaza sanitaria.





