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Cinco maneras de reducir el uso de agua en engorde

Cinco maneras de reducir el uso de agua en engorde

21 de julio de 26 - Noticias

Óscar Toledano. Director General de Rotecna

En los últimos años, el agua ha pasado de ser un recurso barato y aparentemente ilimitado a convertirse en uno de los factores críticos de sostenibilidad y rentabilidad en la producción porcina intensiva. En muchas granjas el agua ya no representa únicamente el coste directo del suministro más los tratamientos que requiera, sino que, además cada litro desperdiciado termina transformándose en más volumen de purín, mayores requerimientos de almacenamiento y más costes de gestión. En condiciones habituales, del 70 al 90% del agua utilizada en las naves de engorde termina formando parte directa o indirecta del purín.

Reducir el consumo de agua no significa restringir el acceso ni comprometer el bienestar animal. De hecho, las granjas más eficientes suelen ser también las que mejor gestionan el agua disponible, evitando desperdicios y adaptando correctamente los sistemas de bebida y alimentación al comportamiento real del cerdo.

Si consideramos el agua utilizada directamente en granja (bebida, limpieza y refrigeración), la distribución aproximada del consumo total de agua por cerdo producido se reparte de la siguiente manera:

manejo agua cerdos engorde

La conclusión es clara: la fase de engorde concentra la mayor parte del consumo hídrico total del sistema porcino. En condiciones habituales de producción intensiva en España, un cerdo de engorde utiliza aproximadamente entre 600 y 800 litros de agua durante todo el ciclo, aunque las granjas mal reguladas pueden superar ampliamente los 1.000 litros por animal, principalmente debido al desperdicio.

Por lo general, un cerdo de engorde consume vía bebederos entre 2 y 3 litros de agua por cada kilo de pienso ingerido, aunque esta relación puede aumentar considerablemente en verano o en instalaciones mal reguladas. Un animal de 120 kg puede superar fácilmente los 8-10 litros diarios en condiciones de calor o con bebederos incorrectamente ajustados. El problema es que una parte importante de esa agua ni siquiera es ingerida por el animal y se pierde.

A continuación, se desarrollan las cinco medidas más efectivas a nivel de granja para reducir el uso y desperdicio de agua en naves de engorde sin perjudicar los resultados productivos ni el bienestar animal.

1. Elegir correctamente el tipo y posición del bebedero, y regularlo de manera apropiada

La medida con mayor retorno económico suele ser también la más sencilla: ajustar correctamente el caudal de los chupetes. En muchas granjas los bebederos trabajan con caudales excesivos debido a la falta de regulación, presión demasiado elevada o ausencia de revisiones periódicas.

En cerdos de engorde, los rangos orientativos más habituales se sitúan aproximadamente entre 0,7 y 1 L/min. Por encima de estos valores aumenta rápidamente el desperdicio, en especial en chupetes sin cazoleta mal posicionados. Es muy habitual observar animales jugando con el agua, o sistemas donde gran parte del caudal termina directamente sobre el slat. Cada litro perdido acaba aumentando el volumen de purín y empeorando las condiciones ambientales.

La revisión del caudal debería realizarse al menos una vez por lote, utilizando un recipiente graduado y un cronómetro. Aunque resulte sorprendente, unas pequeñas correcciones pueden reducir varios litros por cerdo y día sin afectar al consumo real.

No todos los sistemas de bebida generan el mismo nivel de desperdicio. Los chupetes sin cazoleta suelen desperdiciar más, especialmente si se instalan demasiado altos, con lo que se obliga al animal a levantar excesivamente la cabeza y se provoca que caiga agua al suelo. Los que están demasiado bajos favorecen el juego y la manipulación continua. La inclinación también es importante: mientras que los chupetes verticales suelen desperdiciar más, los sistemas con una inclinación de aproximadamente 45° mejoran el aprovechamiento. En cerdos pesados, la altura debe reajustarse durante el ciclo productivo, puesto que una instalación correctamente diseñada al inicio del cebo puede volverse ineficiente pocas semanas después.

Los bebederos con cazoleta correctamente mantenidos reducen significativamente (hasta en un 50%) el desperdicio frente a chupetes convencionales, aunque requieren más limpieza y mantenimiento.

Finalmente, los bebederos de nivel constante son los que proporcionan mejores resultados, con diferencia: hasta un 50% menos de consumo aparente que las cazoletas y un 75% menos que los chupetes sin cazoleta. Por una parte, facilitan el aprendizaje y arranque de los animales más pequeños, y por otra, no permiten el desperdicio debido a la manipulación continua por parte del animal. Además, si se usa un sistema que permita bascular el recipiente, no se dan los problemas de higiene que tienen los de cazoleta fija.

2. Mejorar el mantenimiento preventivo y detectar fugas antes de que sean visibles

No reparar a tiempo una gran fuga tiene una repercusión muy significativa en el consumo aparente de agua, ya que por una tubería de 1” de una instalación estándar en salida libre salen de 80 a 140 L/min, de 5 a 8 m3/hora. Por lo tanto, cada hora sin intervenir supone de 12 a 20 € de coste extra de transporte de purines (considerando que, en España el coste medio de transportarlos a menos de 5 km de las naves es de unos 2’5 €/m3).

Pero incluso las fugas pequeñas y continuas representan unos costes ocultos importantes. Un chupete que gotea ligeramente puede parecer irrelevante, pero supone un desperdicio de más de 30 litros diarios que desaparecen directamente hacia la fosa, por lo que no genera alarma inmediata y pasa desapercibido durante largos periodos de tiempo. Un indicador muy útil consiste en monitorizar el consumo cuando las naves están sin animales.

Las granjas más eficientes monitorizan el consumo de agua de forma constante con inspecciones semanales, registros de consumo, comparación entre zonas (cuanto más sectorizado sea el sistema, habrá un mejor control) y análisis de desviaciones. Lo ideal es hacerlo de forma automatizada, mediante contadores de agua digitales conectados con sistema de alarma que, además de detectar estos problemas, pueden predecir contratiempos sanitarios.

3. Utilizar comederos seco-húmedo correctamente regulados

El uso de comederos sin agua incorporada provoca un mayor uso de los bebederos, por lo que puede a llegar a incrementar el desperdicio, especialmente si los bebederos son poco eficientes. Además, los sistemas seco-húmedo pueden mejorar el consumo y facilitar la ingesta, especialmente en ambientes cálidos, aunque, si están mal regulados o no pueden cubrir la demanda en caso de picos de consumo de agua, pueden suponer una fuente importante de desperdicio de agua y alimento.

En ambientes cálidos es conveniente utilizar bebederos extra, ya que la demanda aumenta y, si no se dispone de bebederos adicionales, también aumenta la competencia por el comedero, lo que afecta al bienestar, el consumo y el rendimiento productivo de los animales.

Uno de los errores más habituales es asumir que más agua en el comedero implica mejor consumo. Si el plato tiene un exceso de agua, el pienso fermenta, los animales juegan con la mezcla, aumenta el desperdicio y se dispara el volumen de purín. En sistemas seco-húmedo, el objetivo no es generar “sopa”, sino facilitar una mezcla fresca y consumible. La regulación correcta depende de la granulometría del alimento, la temperatura ambiental y la genética y peso del animal.

granjas de cerdos de engorde
Los comederos seco-húmedo pueden mejorar el consumo de agua y facilitan la ingesta. Foto: Rotecna. 

4. Minimizar el uso del agua de lavado

Otro aspecto que con frecuencia se pasa por alto es el impacto del tipo de separador sobre el consumo de agua de limpieza. Debe tenerse en cuenta que el lavado suele consumir habitualmente de 20 a 50 L/plaza por ciclo, lo que representa del 5 al 10% del consumo total. Las divisiones fabricadas con paneles plásticos lisos requieren una cantidad considerablemente menor de agua y tiempo de lavado que los separadores metálicos o de hormigón.

El hormigón presenta una superficie más porosa y rugosa, en la que se adhieren con mayor facilidad materia orgánica, biofilm y restos secos, obligando a utilizar más tiempo de remojo y más presión de lavado. Además, los tratamientos de desinfección no pueden ser tan efectivos como los que se realizan sobre plástico. En el caso de separadores de varillas metálicas, especialmente si existen zonas oxidadas, uniones o geometrías complejas, también aumenta la dificultad de limpieza.

Por el contrario, los paneles plásticos presentan superficies menos adherentes y más homogéneas, que facilitan el deslizamiento de la suciedad y reducen significativamente el agua y tiempo necesarios para su limpieza y desinfección. Además de que quedan mejor higienizados y disminuye el volumen de purines generados.

En granjas modernas con elevada rotación, esta diferencia puede representar un ahorro de agua de hasta el 50% para lavado y desinfección, además de una reducción importante del tiempo de mano de obra de hasta un 20%.

5. Controlar el estrés térmico y el comportamiento asociado al calor

El calor distorsiona el consumo de agua en cebo, ya que cuando la temperatura supera la zona de confort aumenta el jadeo, disminuye el consumo de pienso y los animales incrementan drásticamente la ingesta y manipulación de agua. El problema no es solo que el cerdo beba más, sino que, si el bebedero lo permite, el animal utiliza el agua como mecanismo de refrigeración. Aparecen entonces chupetes activados continuamente, animales jugando con el agua, zonas completamente húmedas y un incremento muy importante de purines, especialmente si el tipo de bebedero y su colocación no son adecuados.

En estos casos, la ventilación y el control térmico con sistemas de refrigeración pueden ser herramientas de ahorro de agua, ya que las granjas que controlan el ambiente minimizando el estrés calórico consiguen mayores índices de consumo y mejores índices de conversión de pienso. Por otra parte, también pueden llegar a reducir el consumo total de agua, puesto que, según el tipo de bebedero utilizado, se evita el consumo no productivo.

A la hora de elegir el sistema de refrigeración, para minimizar el consumo debe evaluarse su consumo de agua y asegurarse de que está en buenas condiciones. En todo caso, hay que tener en cuenta que, en condiciones de calor intenso, si los bebederos están bien diseñados, dimensionados y colocados, los sistemas de refrigeración pueden consumir más agua de la que dejan de consumir los animales en los bebederos. Sin embargo, su objetivo principal no es ahorrar agua, sino mantener el confort térmico, la productividad y el bienestar animal.

Reducir el consumo de agua en una nave de engorde no consiste en restringir el acceso ni en trabajar al límite del bienestar animal. Las granjas más eficientes suelen ser precisamente las que ofrecen ambientes más confortables y sistemas mejor ajustados. Muchas de estas mejoras no requieren grandes inversiones tecnológicas, sino una combinación de observación, mantenimiento y cultura de manejo.

En un contexto de creciente presión ambiental, energética y normativa, la eficiencia hídrica dejará de ser un simple detalle técnico para convertirse en un indicador estratégico de competitividad en el porcino.

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