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Control de plagas en granjas porcinas: guía contra roedores y moscas
22 de octubre de 26 - Noticias
Las plagas rara vez se notan el día que llegan. Un roedor que roe un cable en la sala de gestación, una nube de moscas en el pasillo de maternidad en pleno julio o un silo con restos de pienso en la base no suelen alarmar a nadie por separado, pero juntos dibujan una granja donde la bioseguridad empieza a tener grietas. El control de plagas en granjas porcinas se plantea con frecuencia como una tarea de temporada, que se activa cuando el problema ya es visible, y ahí se pierde la mayor parte de su valor.
Roedores y moscas comparten una característica incómoda: viven de lo que la propia granja les ofrece, ya sea pienso, agua, refugio o materia orgánica en descomposición. Por eso el control no depende solo de productos, sino de cómo están diseñadas las instalaciones, de cómo se limpian y de si existe un programa con puntos de control, responsables y registros. En este artículo repasamos los riesgos sanitarios que implican, cómo detectarlos a tiempo y qué debe incluir un plan de actuación que se sostenga durante todo el año.
Por qué las plagas son un problema sanitario y económico en la granja porcina
Los roedores y las moscas pueden actuar como vectores de patógenos entre naves, entre lotes e incluso entre granjas, favoreciendo la propagación de enfermedades. Se han relacionado con agentes como Salmonella, Leptospira o Brachyspira hyodysenteriae. Además, su capacidad para desplazarse entre zonas sucias y limpias los convierte en una vía de entrada difícil de controlar mediante los protocolos de bioseguridad habituales, centrados principalmente en las personas, los vehículos y los animales. Así, una nave que cumple rigurosamente las medidas de acceso puede seguir teniendo puntos vulnerables, como una rejilla de ventilación desprotegida o un silo mal sellado.
A este riesgo sanitario se suman las consecuencias económicas y operativas. Los roedores consumen y contaminan pienso, deterioran los materiales aislantes y las conducciones, y pueden roer el cableado eléctrico, con el consiguiente riesgo de averías e incluso de incendios. Las moscas, por su parte, generan molestias tanto a los animales como a los trabajadores. Su proliferación también puede alertar de problemas de humedad, gestión del purín o limpieza que requieren atención. En ambos casos, las consecuencias sobre el bienestar animal y el rendimiento productivo pueden aparecer de forma progresiva, lo que dificulta identificar su origen y actuar antes de que el problema adquiera mayor dimensión.
Roedores: riesgos, zonas de refugio y señales de presencia
Las ratas y los ratones buscan tres cosas para instalarse en una granja: alimento, agua y un lugar tranquilo donde anidar. En una granja porcina encuentran fácilmente estas condiciones en almacenes de pienso, zonas de silos, falsos techos, huecos de aislamiento, cuadros eléctricos y márgenes de las naves donde se acumulan vegetación o materiales. Los puntos menos transitados suelen concentrar un mayor riesgo, por lo que las inspecciones deben ir más allá de las zonas de trabajo habituales e incluir rincones que a menudo pasan desapercibidos en el día a día.
Detectar su presencia a tiempo es fundamental para evitar que la población aumente. Para ello, conviene prestar atención a señales como excrementos junto a las paredes y los comederos, restos de pienso derramado o roído, sacos y cables mordidos, huellas sobre superficies polvorientas, marcas de grasa en los rodapiés y madrigueras en el perímetro exterior. También es importante tener en cuenta cuándo se producen los avistamientos: observar roedores a plena luz del día puede indicar que la población ha alcanzado un nivel elevado, ya que estos animales suelen tener hábitos nocturnos y evitan exponerse mientras disponen de refugios suficientes.
La prevención debe centrarse, en primer lugar, en dificultar su entrada y eliminar las fuentes de alimento. Sellar accesos y huecos, mantener libre de vegetación una franja alrededor de las naves, almacenar el pienso en silos o contenedores cerrados y retirar a diario los derrames ayuda a reducir el atractivo de las instalaciones antes de recurrir a los cebos. Cuando es necesario intervenir, el uso de estaciones de cebo resistentes a la manipulación, debidamente numeradas y localizadas en un plano, permite organizar el control y comprobar su eficacia. Estas estaciones deben revisarse con una frecuencia establecida y adaptar la materia activa utilizada cuando sea necesario, siguiendo las recomendaciones técnicas para mantener la eficacia del tratamiento y gestionar el riesgo de resistencias.
Moscas: qué las favorece y cómo reducir su población
En las granjas porcinas, el control de las moscas debe empezar por identificar y eliminar los focos donde se desarrollan las larvas. Las acumulaciones de purín o estiércol, los derrames de pienso que fermentan, los bebederos con fugas, las zonas de suelo que permanecen húmedas y los restos de placentas o animales muertos pendientes de retirada ofrecen condiciones ideales para su reproducción. Cuando las temperaturas son elevadas, el ciclo de desarrollo puede completarse en pocos días, lo que explica que las poblaciones aumenten especialmente en primavera y verano. Sin embargo, en las naves con calefacción, su presencia puede prolongarse durante más tiempo.
Para mantener las poblaciones bajo control, es necesario combinar medidas preventivas sobre el entorno con tratamientos específicos. Esto implica mantener secas las zonas de paso, reparar rápidamente las fugas de agua, vaciar los fosos con la periodicidad adecuada, retirar a diario los cadáveres y limpiar con frecuencia los puntos donde se acumula pienso. Estas actuaciones deben complementarse, cuando sea necesario, con larvicidas aplicados en los focos de cría, adulticidas con rotación de materias activas y trampas o cintas adhesivas que permitan monitorizar la presencia de moscas y evaluar la presión de la plaga.
El diseño y el mantenimiento de las instalaciones también desempeñan un papel importante en la prevención. Los suelos con buen drenaje, los comederos que limitan el desperdicio de pienso, los bebederos bien ajustados que evitan salpicaduras y las superficies fáciles de limpiar reducen los puntos donde puede acumularse materia orgánica húmeda. Por ello, pequeñas mejoras en el diseño o en el mantenimiento de las instalaciones pueden resultar más eficaces a largo plazo que la aplicación repetida de tratamientos sin corregir las causas que favorecen la proliferación de moscas.
Cómo diseñar un programa de control de plagas que funcione todo el año
Un programa de control de plagas debe concebirse como una herramienta dinámica, con responsables asignados, un calendario de actuaciones y un sistema de registro. Para ello, debe partir de un plano de la granja que identifique los puntos de riesgo y la ubicación de los cebaderos o las trampas, debidamente numerados. También debe establecer quién realiza las inspecciones, con qué frecuencia y cómo se registran los resultados. Si los datos reflejan un aumento de las capturas o del consumo de cebo en una zona concreta, es importante actuar sobre ese foco e identificar las causas que lo favorecen, en lugar de intensificar el tratamiento en toda la granja.
La aplicación de productos biocidas debe quedar en manos de personal formado o de empresas autorizadas, siguiendo las pautas adecuadas en cuanto a materias activas, dosis y plazos. Asimismo, es fundamental documentar cada intervención para evaluar su eficacia y mantener un historial de las actuaciones realizadas. Dado que la normativa de bioseguridad en las granjas porcinas contempla medidas de control de plagas, disponer de un programa actualizado y de sus correspondientes registros también permite acreditar su cumplimiento durante las inspecciones. Además, cada vacío sanitario ofrece una oportunidad para revisar los puntos vulnerables de las instalaciones, como huecos, rejillas, puertas, aislamientos y zonas de almacenamiento, y corregir cualquier deficiencia que pueda facilitar la entrada o el refugio de roedores e insectos.
En definitiva, el control de plagas es más eficaz cuando se integra en el manejo diario de la granja y se basa en la prevención, en lugar de limitarse a responder cuando el problema ya es visible. Contar con instalaciones fáciles de limpiar y mantener, mantener el orden en las zonas de almacenamiento de pienso y gestionar adecuadamente el agua y el purín son medidas esenciales para reducir las condiciones que favorecen la proliferación de roedores y moscas. A ello se suma la revisión del programa al menos una vez al año, junto con el veterinario y el técnico responsable, para evaluar los resultados y adaptar las medidas cuando sea necesario. Este enfoque permite mantener la presión de las plagas en niveles bajos y reducir la necesidad de intervenciones de emergencia.





