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¿Qué factores reducen el desperdicio de pienso?

¿Qué factores reducen el desperdicio de pienso?

16 de abril de 26 - Noticias

El pienso representa, con diferencia, el principal coste de producción en una granja porcina. Supone entre el 60 y el 65 % de los costes totales, siendo aproximadamente un 15 % la alimentación de las cerdas reproductoras, un 10 % la alimentación en transición y cerca de un 45 % el coste asociado a la fase de engorde. Por ello, cualquier mejora en su aprovechamiento tiene un impacto directo sobre la rentabilidad.

Reducir el desperdicio de alimento no consiste únicamente en evitar pérdidas visibles, sino en lograr que los animales consuman la cantidad adecuada en las condiciones óptimas para maximizar el consumo diario. Cuanto menos tiempo tarden los animales en alcanzar el peso requerido, mayor será la eficiencia productiva. Sin embargo, el desperdicio de alimento no suele deberse a un único factor, sino a la combinación de varios elementos relacionados con el manejo, el ambiente y el equipamiento porcino utilizado en la granja.

El diseño del comedero: un factor determinante

Uno de los aspectos más influyentes en la reducción del desperdicio de pienso es el diseño del comedero. Elementos como la forma del plato, el sistema de dispensación o la facilidad de regulación influyen directamente en la cantidad de alimento que se pierde.

Un comedero mal diseñado o con regulaciones imprecisas favorece que los animales extraigan más alimento del que realmente pueden ingerir o que el pienso quede acumulado en zonas inaccesibles. Estas situaciones generan pérdidas económicas y dificultan las tareas de limpieza y desinfección, aumentando además el riesgo sanitario en la granja. Por el contrario, los sistemas que incorporan platos redondeados, rebordes antidesperdicio y mecanismos de regulación precisos permiten ajustar correctamente el flujo de alimento y reducen el desperdicio desde las primeras fases productivas.

También es importante considerar la posibilidad de trabajar con o sin agua en el comedero. No todos los sistemas permiten cerrar el suministro de agua sin afectar al funcionamiento del mecanismo de dispensación. Algunos modelos mantienen un buen control del flujo incluso en seco, mientras que otros pueden favorecer la extracción excesiva de pienso si no están correctamente ajustados. Por ello, la elección del tipo de comedero debe realizarse teniendo en cuenta las características productivas de cada explotación.

Ajustar correctamente la cobertura del plato

La regulación del nivel de pienso en el plato es una práctica sencilla que tiene un impacto muy significativo en el control del desperdicio. En sistemas de alimentación en seco, la cobertura recomendada del plato suele situarse entre el 25 y el 33 % de su capacidad. Una cobertura superior permite que los animales manipulen grandes cantidades de alimento, provocando su caída fuera del comedero. Por el contrario, una cobertura insuficiente limita el consumo y reduce la ganancia media diaria.

Además, cuando el volumen de pienso dispensado es excesivo y los animales no pueden consumirlo con rapidez, especialmente en sistemas húmedos o en condiciones de altas temperaturas ambientales, el alimento permanece demasiado tiempo en el plato y comienza a oxidarse. Esta oxidación reduce su palatabilidad y provoca una disminución del consumo diario, generando el efecto contrario al buscado. Por ello, es fundamental revisar periódicamente la regulación del comedero y adaptarla a la edad, peso y fase productiva de los animales.

alimentación cerdos en transición
Mantener el plato con un 25–33 % de cobertura optimiza el consumo. Foto: Rotecna. 

Adaptar el espacio y el número de animales por boca

La relación entre el número de animales y los puntos de alimentación juega un papel clave en la eficiencia alimentaria. Un número insuficiente de bocas provoca competencia entre animales, lo que aumenta el nerviosismo y favorece la manipulación excesiva del pienso. Esta conducta se traduce en un mayor desperdicio y en una menor uniformidad de los lotes.

Por el contrario, un espacio de alimentación adecuado facilita el acceso simultáneo de los animales y reduce el estrés, mejorando tanto el consumo como el aprovechamiento del alimento. La correcta relación animal/comedero debe adaptarse al tamaño y fase productiva del ganado.

Por ejemplo, durante el destete los lechones pasan de ingerir leche numerosas veces al día en pequeñas cantidades a compartir comederos con otros animales, por lo que resulta fundamental aumentar el número de espacios de alimentación durante las primeras semanas. Facilitar esta transición reduce la competencia y favorece una adaptación más rápida al nuevo sistema de alimentación.

Garantizar un acceso adecuado al alimento permite mejorar el consumo y minimizar las pérdidas desde las primeras fases productivas.

Controlar la calidad y presentación del pienso

La forma física del alimento influye directamente en su aprovechamiento. Una granulometría irregular o la presencia de partículas demasiado finas favorecen la selección del alimento por parte de los animales, lo que aumenta el desperdicio y reduce la homogeneidad nutricional de la dieta.

Mantener las condiciones organolépticas del pienso es igualmente importante. El uso de tapas en las tolvas contribuye a conservar el alimento en condiciones óptimas, especialmente en ambientes cálidos o húmedos. Estas tapas reducen la exposición del pienso a la humedad, minimizan la formación de polvo y ayudan a mantener la calidad del alimento durante más tiempo.

Además, la reducción del polvo en la nave no solo mejora la calidad del pienso, sino que también influye positivamente en la salud respiratoria tanto de los animales como de los operarios.

Automatización y alimentación multifase

La incorporación de sistemas automáticos de alimentación representa un avance significativo en la reducción del desperdicio. Estos sistemas permiten ajustar con precisión la cantidad de alimento dispensado en función del peso y la edad de los animales, evitando excesos y mejorando la homogeneidad de los lotes. Además, la alimentación multifase facilita adaptar la dieta a las necesidades nutricionales de cada etapa, reduciendo pérdidas y mejorando el índice de conversión. Este enfoque facilita una gestión más precisa del consumo y mejora el índice de conversión, contribuyendo a una producción más eficiente y sostenible.

equipamiento porcino
Un espacio de alimentación adecuado facilita el acceso simultáneo de los animales. Foto: Rotecna.

El papel del agua en el consumo de pienso

Aunque a menudo se pasa por alto, el suministro de agua influye directamente en el consumo de alimento y en su aprovechamiento. La incorporación de agua en el comedero puede acelerar la velocidad de ingestión y favorecer el consumo diario, especialmente en animales de mayor peso. Sin embargo, el caudal debe regularse cuidadosamente. Cuando supera los 0,5–0,7 litros por minuto en destete o los 0,7–1 litro por minuto en engorde, puede generarse un exceso de agua en el plato.

Este exceso afecta negativamente al índice de conversión, favorece el desperdicio de pienso y aumenta el volumen de purines producido en la explotación. Por ello, es fundamental verificar periódicamente el ajuste de los bebederos y adaptar el sistema a las condiciones ambientales y productivas.

Una inversión que se traduce en rentabilidad

Reducir el desperdicio de pienso no debe considerarse únicamente una cuestión de ahorro inmediato, sino una estrategia global de mejora productiva. La combinación de un buen diseño de comederos, una regulación adecuada del flujo de alimento y agua, una correcta gestión del número de animales por boca y el uso de equipamiento porcino adaptado a cada fase productiva permite optimizar el consumo y mejorar la tasa de conversión alimenticia.

Estas mejoras se traducen en un menor coste por kilo producido y en una mayor competitividad de la explotación. En un contexto en el que la eficiencia y la sostenibilidad son cada vez más importantes, el control del desperdicio de pienso se convierte en una de las herramientas más eficaces para garantizar la viabilidad económica de las granjas porcinas a largo plazo.