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Cinco maneras de mejorar la bioseguridad mediante el diseño
05 de noviembre de 26 - Noticias
Óscar Toledano. Director general Rotecna
La sanidad es uno de los factores que más condicionan los resultados productivos y económicos de una granja porcina. Es un hecho que la brecha entre los productores con mayores y menores costes de producción se ha ampliado en los últimos años, especialmente por las diferencias en el estado sanitario y la incidencia de enfermedades como el PRRS. Estos factores provocan importantes pérdidas debidas al incremento del índice de reposición de cerdas, el empeoramiento de los resultados reproductivos, una mayor tasa de mortalidad en maternidad, destete y engorde, menor crecimiento, un peor índice de conversión, costes sanitarios más elevados y el aumento de los decomisos en matadero.
Cuando hablamos de bioseguridad en granjas porcinas solemos pensar principalmente en protocolos: ducharse antes de entrar, cambiarse de ropa y calzado, limpiar y desinfectar los vehículos, controlar las visitas o establecer periodos de cuarentena. Todas estas medidas son fundamentales, pero una parte muy importante de la bioseguridad de una granja se decide mucho antes de que entren los primeros animales, en el momento de elegir dónde y cómo construirla.
La bioseguridad externa intenta evitar que los patógenos lleguen y entren en la granja, mientras que la bioseguridad interna busca reducir su propagación una vez han entrado. La ubicación, la distribución de las instalaciones y la forma en que se mueven animales, personas, vehículos, pienso, materiales, cadáveres, purines e incluso el aire, condicionarán durante toda la vida de la granja nuestra capacidad para conseguirlo.
Por ello, una granja de alta bioseguridad debería diseñarse siguiendo una secuencia lógica: primero reducir la exposición, después evitar la entrada y, finalmente, limitar la propagación.
Vamos a repasar los cinco aspectos principales que debemos tener en cuenta para conseguirlo.
Elegir un lugar adecuado donde construir
La primera barrera de bioseguridad de una granja no es el vallado ni la ducha, es el lugar donde decidimos construirla. Unas instalaciones situadas en una zona de elevada densidad porcina, rodeadas de otras granjas y próximas a carreteras con mucho tráfico de animales, parten de un nivel de riesgo muy diferente al de unas instalaciones más aisladas. Por ello, antes de elegir una ubicación deberíamos estudiar la densidad de la zona, el número, tamaño y distancia de las granjas próximas, su estatus sanitario, las carreteras utilizadas para transportar animales y la proximidad de mataderos y otros puntos de concentración de cerdos, además de la orografía y los vientos dominantes.
La importancia de la distancia es especialmente evidente frente a patógenos que pueden dispersarse entre granjas a través de diferentes vías, como insectos, roedores o polvo, e incluso por vía aerógena a largas distancias. En el caso del PRRS, en determinadas condiciones se ha recuperado PRRSV infeccioso en el aire a distancias de aproximadamente 9 km de una población infectada.
Esto no significa que los animales situados a esa distancia vayan a infectarse, ni que exista una distancia a partir de la cual el riesgo desaparezca: la cepa, la cantidad de patógeno emitida, la humedad, temperatura, radiación solar, orografía y, especialmente, la dirección y velocidad del viento condicionan enormemente la transmisión aerógena. Lo que sí demuestra es que, en granjas de elevado estatus sanitario, no deberíamos estudiar únicamente las granjas más próximas. Como criterio práctico de análisis, para una nueva granja de reproductoras de alto estatus es razonable analizar detalladamente las granjas y principales riesgos sanitarios existentes en un radio de al menos 5 km. En núcleos genéticos, multiplicadoras o instalaciones de muy elevado valor sanitario este análisis debería ampliarse hasta aproximadamente 10 km.
La distancia tampoco debe analizarse de forma aislada. Varias granjas grandes situadas a barlovento pueden representar más riesgo que una pequeña más próxima situada habitualmente a sotavento. Por ello, más que buscar una cifra mágica de separación, debemos valorar la presión sanitaria real del entorno.
También deberíamos estudiar dónde se aplican los purines de las granjas próximas. Estudios recientes han encontrado una mayor incidencia de brotes de PRRS cuando se aplicaban purines en campos próximos, especialmente dentro de los primeros 1,6 km, aunque también se observó asociación a mayores distancias. Estos resultados no permiten establecer una distancia de seguridad, pero indican que alrededor de una granja de reproductoras de alto estatus deberíamos prestar especial atención a las zonas donde se aplican purines de otras granjas, especialmente si proceden de granjas positivas o de estatus sanitario desconocido.
Hay que valorar, además, la presencia y posibilidad de contacto con fauna silvestre. El riesgo asociado al jabalí ha adquirido especial importancia con la PPA, por lo que el vallado perimetral debe ser una verdadera barrera física, mantenerse correctamente y evitar que animales silvestres puedan acceder a las instalaciones, zonas de almacenamiento, pienso o materiales potencialmente contaminados.
Cuando el aislamiento disponible no es suficiente, especialmente en granjas de reproductoras situadas en zonas de elevada densidad porcina, puede resultar recomendable incorporar sistemas de filtración del aire. Los filtros reducen el riesgo asociado a esta vía, pero no compensan deficiencias en transporte, cargaderos, entrada de animales, personas, materiales o pienso.
La ubicación, por otra parte, tiene una característica que la diferencia de prácticamente todas las demás medidas: una vez construida la granja no podemos cambiarla. Por ello, el riesgo sanitario debería tener un peso similar al acceso al agua, electricidad, carreteras o disponibilidad de personal o superficie para gestionar los purines cuando seleccionamos dónde construir una nueva granja.

El vallado perimetral debe ser una verdadera barrera física. Foto: Rotecna.
Diseñar primero los flujos y después las naves
Cuando proyectamos la situación de las diferentes naves de una granja (recrías, gestaciones, maternidades, destetes…) deberíamos primero representar en un plano cómo se moverán los seis principales flujos de la granja entre las mismas: animales, personas, vehículos, pienso y materiales, cadáveres y purines, y aire.
Cada uno de ellos puede transportar patógenos de una manera diferente y necesita, por tanto, medidas de control específicas. Una vez dibujados, debemos analizar dónde se cruzan. Cuantos menos cruces existan entre circuitos de diferente riesgo sanitario, mejor.
El vallado perimetral debe separar claramente el exterior de la granja de su interior, y los accesos deben ser los mínimos posibles y estar controlados. Siempre que las características de la finca lo permitan, resulta especialmente interesante disponer de un vial exterior desde el que los diferentes vehículos puedan acceder únicamente al punto que les corresponde. Los vehículos de los trabajadores deberían dirigirse al aparcamiento; el camión de pienso, a los silos; los transportes de animales, a sus cargaderos; el vehículo de recogida de cadáveres, a su punto de retirada, y las cisternas de purín, directamente a la zona de almacenamiento.
No todos estos vehículos presentan el mismo riesgo. Los relacionados con animales, cadáveres o purines pueden haber tenido contacto previo con otras granjas o lugares de elevada concentración de cerdos. Precisamente, los vehículos de mayor riesgo deberían ser los que menos se aproximen al núcleo limpio de la granja.
La misma filosofía debe aplicarse en el interior. Los animales deberían avanzar siguiendo la secuencia del proceso productivo, evitando retrocesos y cruces entre animales de diferente edad o estatus sanitario y favoreciendo, siempre que sea posible, los sistemas todo dentro-todo fuera.
El aire también debe considerarse un flujo. En una instalación filtrada, por ejemplo, no sirve de mucho instalar buenos filtros si existen puertas, ventiladores parados, grietas u otros puntos por donde pueda entrar aire sin filtrar. Por tanto, antes de construir una granja puede resultar más importante dibujar correctamente seis líneas sobre el plano que empezar dibujando sus paredes.
Mantener fuera todo lo que no necesita entrar
Cada vehículo, persona o material que atraviesa el perímetro de una granja representa una posibilidad de introducir patógenos. Por ello, una de las reglas más sencillas que podemos aplicar durante el diseño es: si no necesita entrar, que se quede fuera.
Siempre que sea posible, los silos deberían situarse de tal forma que puedan llenarse desde el exterior del perímetro sanitario, para evitar que el camión de pienso tenga que circular por los viales internos.
Algo similar sucede con los cadáveres. El problema no se resuelve alejando el contenedor de las naves si, para depositar una baja, el trabajador tiene que salir de la zona limpia y posteriormente regresar. Los cadáveres deberían salir mediante un punto de transferencia que separe físicamente la zona limpia de la zona sucia. Una solución especialmente interesante consiste en utilizar un desnivel, situando la zona sucia en un nivel inferior. El sistema debe permitir trasladar los cadáveres desde el interior hasta un punto de almacenamiento o transferencia accesible desde fuera, evitando que el vehículo de recogida entre en la granja y que exista contacto entre su conductor y el personal de la zona limpia. Si es posible, hay que utilizar sistemas de almacenaje que permitan acumular mayor volumen de bajas para reducir la frecuencia de la recogida por transportes externos.
Las balsas y sistemas de almacenamiento de purines deberían seguir el mismo principio. Las cisternas utilizadas para su extracción deberían disponer de un acceso independiente que evite su circulación por los viales internos. También se tiene que prestar especial atención a bombas, mangueras y otros equipos que puedan utilizarse en diferentes granjas.
También hay determinados contadores, depósitos, generadores, cuadros eléctricos y otros elementos que requieren mantenimiento periódico que pueden situarse de forma que sean accesibles sin necesidad de entrar en el núcleo sanitario. Incluso los motores y cuadros de los sistemas de alimentación, control climático y limpieza se pueden instalar en pasillos especiales que permitan su mantenimiento por personal externo sin que entre en la zona limpia donde están los animales.
Cada entrada que conseguimos eliminar mediante el diseño supone una operación de riesgo menos que tendremos que controlar diariamente durante toda la vida útil de la granja.

Determinados contadores deben situarse fuera del nucleo sanitario. Foto: Rotecna.
Convertir cada entrada y salida en una barrera
Hay movimientos que, evidentemente, no podemos eliminar. Necesitamos trabajadores, introducir animales de reposición, recibir determinados materiales y sacar animales de la granja. Los puntos donde estos flujos atraviesan la separación entre el exterior y el interior son algunos de los lugares más importantes de todo el diseño.
Es recomendable minimizar los puntos de entrada y salida desde el exterior. Por ello, desde el punto de vista de la bioseguridad externa, suele ser más sencillo controlar una granja con pocos accesos bien definidos que otra con numerosos edificios y puntos de entrada, sin que esto signifique renunciar a una adecuada compartimentación sanitaria en el interior. Debemos evitar especialmente las zonas grises, donde no queda claro qué está limpio, qué está sucio o hasta dónde puede llegar cada persona.
En la entrada de personal, la separación debe ser física. El trabajador debería acceder a una zona sucia, dejar su ropa y calzado exterior, ducharse y pasar posteriormente a una zona limpia donde dispone de ropa y botas exclusivas de la granja. Bancos, puertas y duchas de paso resultan más efectivos que una simple línea pintada en el suelo porque ayudan a que el recorrido correcto sea también el más fácil de realizar.
El cargadero merece especial atención, ya que representa el punto de contacto entre nuestros animales y vehículos que pueden haber visitado anteriormente otras granjas, centros de concentración o mataderos. El transportista no debería entrar en la zona limpia y el trabajador de la granja no debería entrar en el camión. Los animales deben avanzar hacia el exterior sin posibilidad de regresar, y los suelos y drenajes deben diseñarse para que durante el lavado el agua se dirija siempre hacia la zona sucia. También pueden instalarse barreras físicas que, a partir de cierta altura, permitan el paso de los animales, pero impidan el de las personas.
En granjas de reproductoras resulta recomendable, cuando sea posible, separar el cargadero de salida de lechones del utilizado para cerdas destinadas a matadero, ya que ambos transportes presentan niveles de riesgo muy diferentes. La reposición requiere todavía más atención, porque introducir animales significa abrir nuestra barrera sanitaria.
Si se hace reposición externa, se debería disponer de una cuarentena suficientemente separada del núcleo productivo, que funcione como una unidad independiente y disponga de circuitos propios de entrada, manejo y salida. Esto permite comprobar el estatus sanitario de las futuras madres durante el periodo de aislamiento y, posteriormente, realizar el programa de aclimatación definido por el veterinario antes de incorporarlas al núcleo reproductor. Además, si los animales presentan algún problema sanitario durante este periodo, se reduce al mínimo el riesgo de que pueda afectar al núcleo reproductor.
Si se hace reposición interna, puede estar en la misma granja, y considerarse una instalación más, teniendo en cuenta su nivel sanitario respecto al resto de las instalaciones y evitando que sus circuitos comprometan al núcleo reproductor.
También los medicamentos, dosis de semen, herramientas, recambios y otros materiales deben disponer de puntos de transferencia o descontaminación adecuados.
En definitiva, todo flujo que necesariamente tenga que atravesar nuestra barrera sanitaria debería hacerlo por un único punto diseñado para controlar su riesgo.

El cargadero es un punto crítico de bioseguridad por el contacto entre animales y vehículos externos. Foto: Rotecna.
Diseñar pensando en cuando la bioseguridad falle
Por muchas medidas que apliquemos, el riesgo cero no existe. Por ello, una granja realmente bien diseñada no debería responder únicamente a la pregunta ¿cómo evitamos que entre una enfermedad? También deberíamos preguntarnos qué sucederá si finalmente entra; ¿cómo evitamos que se propague por toda la granja y cómo evitamos transmitirla a otras granjas?.
La compartimentación de las instalaciones, la separación entre lotes, el todo dentro-todo fuera, no mezclar animales de diferentes edades y procedencias, los circuitos adecuados de trabajadores y animales y una correcta limpieza, desinfección y secado ayudan a reducir la propagación dentro de la propia granja.
En todo caso, la compartimentación debe equilibrarse también con la necesidad de poder realizar un manejo sanitario homogéneo de los animales. En determinadas enfermedades, como el PRRS, cuando aparece un brote puede interesar que el veterinario pueda aplicar una misma estrategia sanitaria a toda una población y evitar que la infección se vaya prolongando entre diferentes grupos de animales a lo largo del tiempo. Por ello, el diseño de las instalaciones y la organización de los lotes deben permitir tanto limitar la propagación de una enfermedad al principio, como, posteriormente, facilitar su estabilización.
Pero también debemos pensar hacia fuera. Si aparece un brote, los mismos elementos que utilizamos para evitar la entrada de enfermedades deben dificultar su salida: cargaderos correctamente diseñados, rutas separadas de vehículos, adecuada gestión de cadáveres y circuitos controlados de personas, materiales, animales y purines. Este concepto de biocontención resulta especialmente importante en zonas de elevada densidad porcina. Una granja de reproductoras no solamente concentra muchos animales de elevado valor, sino que distribuye continuamente lechones hacia otras instalaciones.
Aunque los protocolos establecidos sean excelentes, cuanto más dependa la bioseguridad de que una persona recuerde qué debe hacer, mayor será la posibilidad de cometer errores. Un buen diseño es el que consigue que hacer las cosas correctamente sea también la opción más sencilla.





