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Fernando Jiménez: “La potabilización del agua, un viejo aliado a resaltar en la bioseguridad porcina"

07 de agosto de 19 - Noticias

Aunque las personas relacionadas con el ámbito ganadero están concienciadas de la importancia de la bioseguridad, todavía hay margen de mejora en muchas granjas.

La peste porcina africana (PPA) es una de las enfermedades más importantes en el sector porcino, especialmente para nuestro país, por su relevancia sanitaria a nivel mundial y su impacto económico. Con el fin de evitar su entrada y difusión por todo el territorio nacional, cobran especial mención las medidas de bioseguridad adoptadas en las explotaciones. Por ello, una de las funciones esenciales de los veterinarios de campo se basa en identificar y asesorar sobre los puntos críticos de las granjas en lo que a bioseguridad concierne, mejorando su control y optimización.

En este marco, el veterinario de porcino Fernando Giménez, especializado en Bioseguridad y Bienestar Animal, activo colaborador del Grupo de Saneamiento Porcino de Girona (GSP Girona), destaca la inercia de resolución de problemas de las granjas de porcino españolas, “aunque hay muchos campos por corregir y un largo camino por recorrer, porque, más que un tema de futuro, la bioseguridad es una necesidad”.

Plan de limpieza y desinfección. Foto: F. Jiménez.

Las medidas de bioseguridad tienen una gran importancia, ya que actualmente existen muchos factores de riesgo en la entrada y difusión de enfermedades contagiosas en las explotaciones. Entre estas, destaca el temor por la propagación de la peste porcina africana (PPA), la cual ya ha sido detectada en zonas cercanas a nuestro país.

Ante esta situación, Fernando Jiménez destaca dos conceptos básicos: la biocontención y la biorrestricción. “El objetivo principal de la biocontención es proporcionar las barreras físicas adecuadas para aislar patologías existentes en una granja y eliminar su propagación, y la biorrestricción es el efecto contrario: debemos establecer unos protocolos que nos ayuden a disminuir el riesgo de exposición a cualquier infección”, explica Jiménez. La propagación transfronteriza de las enfermedades hasta su clasificación como epidemia, sucede entre otros, por contacto entre animales enfermos con animales sanos, animales asintomáticos portadores con otros animales sanos susceptibles (de la misma especie o no), a través de vectores de transmisión como vehículos, fómites, material de trabajo, las personas o incluso como en el caso de la PPA, de alimentos contaminados.

Fernando Jiménez afirma que, para trabajar la bioseguridad, uno de los principales objetivos es la formación del personal y la concienciación en lo que a materia se refiere. Y de igual modo, en cuanto a aspectos prácticos, cabe resaltar la importancia de la densidad ganadera. “Existen áreas muy concretas donde el exceso de granjas aumenta el riesgo de introducción de enfermedades, y por eso debemos conocer los puntos débiles de estas, sean nuevas o no, así como las debilidades de las explotaciones, en función de su orientación productiva y de su estatus sanitario”. En este sentido, añade: “debemos hacer las cosas cada vez mejor, seguir invirtiendo para mejorar las condiciones de vida de los animales e ir un paso más allá. Más que un futuro, la bioseguridad es una necesidad”.

Uno de los factores clave ante las nuevas amenazas infecciosas es conocer los ciclos epidemiológicos de las enfermedades y sus causas. “Esto nos ayuda a establecer un orden y un tiempo en el control de los problemas”. El veterinario destaca el buen estatus sanitario de la población porcina española, pero aseguró que “no podemos bajar la guardia y debemos seguir trabajando tan duro como hasta ahora, o incluso más, en esta materia”, ya que “el riesgo cero no existe”.

Mala praxis en la recogida de cadàveres. Foto: F. Jiménez.

Los niveles de bioseguridad y de las prácticas de manejo aplicadas en las explotaciones porcinas tienen impacto en el estado sanitario y, por consiguiente, en sus niveles productivos. Fernando Jiménez explica que España hace tiempo que dispone de una legislación específica en relación con la ordenación del sector porcino, lo que permite especificar por normativa los requisitos de bioseguridad que deben cumplir todas las granjas españolas para poder desarrollar su actividad ganadera; para Jiménez, este hecho “avala que seamos un modelo de producción exigente y referente a nivel mundial, con especial connotación a la salud y el bienestar animal, aunque con las encuestas de bioseguridad no basta ni de lejos”. Declara que “tan solo se trata de una instantánea de un momento concreto” y que, aun que estas están validadas in situ por la Administración, “no son una garantía de continuidad”.

El deber del sector, puntualizó, es “intensificar y extremar las medidas de bioseguridad, incluyendo la valoración de varios campos” como por ejemplo, de manera muy relevante, “el control de la calidad del agua en las explotaciones, con sistemas de potabilización y calibrado cada vez más exigentes, innovadores y seguros, capaces de prevenir enfermedades y promover mejor salud para con los animales”.

Así pues, todavía hay margen de mejora en muchas granjas porcinas. “Nos falta incidir en muchos aspectos, como en la serpartación entre la zona limpia y la sucia, la mejora de la entrada para la recogida de cadáveres y el control de los accesos”, destaca Jiménez. En este ámbito, según el veterinario, algunas empresas ya tienen implementados sistemas de bioseguridad que van mucho más allá de los establecido por la legislación.

Aunque los ganaderos en general están concienciados de la importancia de la bioseguridad, en ocasiones la rutina y el exceso de trabajo les llevan a relajarse en su aplicación. Algunos factores relacionados con el incumplimiento de las medidas son: la falta de formación, la falta de comunicación entre el personal, la falta de motivación, el escaso mantenimiento de los registros y la ausencia de auditorías sobre la aplicación de las normas de bioseguridad. En este sentido, Fernando Jiménez resalta la labor formativa del GSP. “Intentamos reforzar la formación de cualquier persona relacionada con el sector porcino”, aunque subraya que el principal obstáculo es la convicción de los responsables de las explotaciones: “Si nosotros mismos no nos creemos la bioseguridad en sí misma, no vamos a ningún lado”.

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